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Terremoto - Tóxico - Respiro - Mofa
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Aethernal

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Vulpix

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Nevada - Pícara
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En una línea temporal alterna...

El Pokémon pato no hacía más que agitar sus patitas y salpicar el agua de la piscina inflable bajo sus pies. Esa mirada perdida comenzaba a alterarme, pues parecía que no estaba pensando en absolutamente nada.

— Sé que escondes algo... hasta ahora se tiene por cierto que no eres demasiado listo, y ni siquiera tienes tipo Psíquico, pero... esos ataques que aprendes y esas jaquecas... ¡Dímelo! — Me acerco, intimidante. — ¡Dime la proporción exacta de tomate y lechuga para la ensalada perfecta! ¡Sé que eres un genio, deja de ocultarlo ante la ciencia y revela al mundo el misterio! — Agito un tomate y una lechuga frente a él, el cual me mira con una mirada más idiota de lo habitual.

— ¿Psy? — Éste se queda mirando sus pies salpicar agua en la piscina en la que se encuentra.


Lanzo un suspiro, dejo aquellos vegetales encima de la mesa y miro el reloj. — Ya hice suficiente tiempo. Odio cuando no hay nada que hacer pero debo quedarme por cuestiones de papeleo. — A los pocos minutos por fin llega la persona con la que debía encontrarme. Revisamos algunos papeles y rápidamente salgo hacia afuera, con los brazos alzados, en señal de libertad. Por fin puedo volver a casa.

— ♦ —


“Lo que nunca supo es que, a sus espaldas, el Psyduck estaba haciendo la mejor ensalada del mundo, la ensalada de proporciones perfectas, una vez el profesor le retiró la mirada. ¿Conocería algún día el mundo el secreto de la...?”

Recibo un golpe en la cabeza de un periódico enrollado. Me encuentro en el asiento de copiloto de un coche, escribiendo frases en un cuaderno, siendo interrumpido vilmente.

“Alzo la vista y quedo cegado ante aquellos dos soles azules cubiertos por el manto rojizo que...”

Recibo otro golpe en la cabeza y se oyen unas risitas. Río yo también.

— ¡Deja de escribir esas tonterías y aprende defensa física! ¡Mírate, mírate! — Lottie ríe de forma más elevada mientras me propina ataques con el periódico enrollado cual Honedge siendo blandido, siendo yo incapaz de esquivarlos o bloquearlos. — Te hará falta un buen entrenamiento, esto no es posible. ¿Cómo te ha ido? — Ésta finaliza sus risitas y me da el periódico y procede a conducir de nuevo en cuanto el semáforo se pone en verde.

— Lo sé, lo sé... Lechuguita, eres una agente muy pro y con mucha técnica, pero aún no puedes ganarme a una carrera. — Se me escapa la risa baja, aunque admitiendo parte de mi derrota, ante lo cual ella se sobresalta un poco.

El viaje continúa con no toda la calma que uno querría, pero no voy a quejarme. Me encanta cuando Lottie me viene a recoger con su coche de vez en cuando cuando salgo tarde del trabajo. — Mañana cumplimos dos meses de estar juntos... y todavía no sé qué hacer. ¡Argh! — Se me escapa una sonrisita tonta, delatando mis pensamientos ante ésta.

— ♦ —


Últimamente ocurre algo extraño. Me siento observado. Lo he hablado con Lottie, y también se siente así. Como si alguien nos estuviera espiando... aprendiendo nuestras rutinas, patrones y movimientos. En parte por eso ella está más preocupada por que yo aprenda defensa personal. Nos han pasado varias cosas... extrañas. Definitivamente ocurre algo. — Algún general del Team Génesis nos debe estar espiando... ¡Quieren a Aggrock para sus maléficos fines! — Agito la cabeza, aturdido.

Llegamos por fin a casa. Tras aparcar el coche en el aparcamiento, queda un largo camino caminando hasta ella, y más cuando tenemos que pasar primero por un par de tiendas. El ambiente refresca, el sol comienza a caer y las farolas de las calles comienzan a encenderse para mantenerlo todo iluminando, aunque nunca lo suficiente.

A mi lado se encuentra Spikey, volando a nivel del suelo como viene siendo habitual. Él sabe de la situación, y más de una vez ha estado a punto de alzar el vuelo y atrapar a quién quiera que nos está espiando. Como Lottie es Agente, no hemos dicho nada a la policía. Ella misma lo está gestionando. Pero nunca está de más tener precauciones adicionales. Aggrock y Skorpy se encuentran debajo de tierra, también como siempre. El primero parado, inmóvil e inexpresivo, enterrado bajo varios metros, desplazándose lentamente para no causar seísmos y estar cerca de mí para cuando requiera de su ayuda. Skorpy, por su lado, juguetea libremente, moviéndose allá donde quiere, saliendo y entrando cuando le apetece, y demás. En mi hombro se encuentra Vulpix, dando mordisquitos a un tomate, pues parece que comienzan a gustarle. Lottie se encuentra con Honey, su Sliggo, y Magmar, ambos a su lado. Las 4 Pokéball de su cinturón contienen a Golduck, Gallade, Sceptile y Oricorio forma fantasma.

— ♦ —




Puedes controlar a Lottie y a sus Pokémon como quieras, pero intentando ser fiel al personaje,
claro.


Profesor Pokémon
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Yuki


Nevada

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En esa misma línea temporal alterna... (?)

Ahí estaba de nuevo, observando constantemente cada movimiento ajeno de aquella pareja, sobre todo de aquel muchacho con esa rara obsesión que tenía por los tomates, costaba creerlo, pero sí ¡Su amor por los tomates era enfermizo! algo por lo cuál me llenaba de curiosidad.

Puede que tal vez mis lindas víctimas tuvieran la sensación de escuchar pequeños sonidos sin digamos... importancia o que de vez en cuando desaparecieran algunas de sus pertenencias, en especial las del joven muchacho. Aún recuerdo aquella vez cuando recogí un pequeño mechón de su cabello, cortándolo delicadamente con mis preciadas tijeras sin que éste se diera cuenta. Oh ¡y cómo olvidar aquello! su sedosa bata blanca impregnada de su delicioso olor corporal, ¡dormir abrazada a ella cada noche es como estar en el paraíso!. Y esa preciosa foto tomada meses atrás que aún conservo en perfecto estado... entre otras cosas.

Pero éstos eran solamente objetos con poco valor, necesitaba conseguir la joya de la colección; ¡Le necesitaba a él! ❤

Debía mantener mi mirada puesta en aquel joven de cabellos castaños e intentar evitar que cualquier otra asquerosa rata de alcantarilla se acercara a él, en especial esa tal Charlotte, el solo mencionar su nombre me producía un hervor en la sangre por la furia — ¿Acaso nunca se va a despegar de él? — hablaba con desagrado y asco mientras clavaba con fuerza el cuchillo en el frondoso césped. Mientras tanto, Shadow, mi Houndoom, observaba todo desde su posición, situándose a mi lado.

¡Doom! ¡Doom! ...grr... — refunfuñaba quedándose mirando a la joven, en especial a sus Pokémons, mientras erizaba su pelaje bastante enfadado.


Miré al can, acariciando el lomo de éste con suavidad para calmarlo. — Tranquilo amigo, ya llegará el momento... — susurré en la oreja de éste con voz baja, formándose en mi rostro una pequeña y picarona risa algo siniestra.

Desde nuestra posición, alcé un poco la vista para poder ver mejor a aquel muchacho, de llamativa y larga bata blanca. Si había algo que tener en cuenta, era mi enfermizo y obsesivo amor por aquél hombre. Estaba claro que debía de deshacerme de cualquier chica que se le acercara, y eso la incluía a ella, aquella agradable y dulce pelirroja que siempre permanecía junto a mi Senpai... era repugnante.

Ahh... mi querido Senpai... pronto serás mío — recosté mi barbilla sobre la unión de mis dedos, mostrando una mirada siniestra, a la vez que mis pómulos se tornaban de un color rojizo, manteniendo mi mirada fija en aquel hombre, admirándolo. — ...haré por tí lo que ¡SEA! — hacía crujir mis manos con rabia mientras me reía por lo bajo.

Shadow y yo nos encontrábamos ocultos entre uno de los arbustos de la zona observando todos los alrededores, especialmente a Charlotte, mientras ideaba un plan para poder eliminar a mi querida rival. — Bien, veamos como hacemos esto — por suerte, contaba con la ayuda de todos mis Pokémons, sin olvidar a Shadow, él era el experto en crear caos y miedo. Pasaron unos minutos hasta que la pareja optó al fin por separarse, pero estaba claro que esto no iba a ser para siempre, mi querido Senpai había ido a su casa en busca de algo, dejando sola a mi archienemiga. Debía actuar con rapidez. — Chicos... — miré a todos mis Pokémons. — Id a enfrentar a esos renacuajos y debilitadlos, yo me encargaré de ''Lottie'' — miré a la nombrada sonriendo de lado.

Una hora más tarde...

¡D-DÉJAME IR! ¿Q-QUIÉN ERES? — gritaba eufóricamente la chica pero con dificultad debido al pañuelo que tenía atado en su boca para que no chillara. Estaba claro que no iba a dejarla libre.

Shh! ¡no hagas ruido, maldita imbécil! — respondí dedicándole una mirada fulminante — llevo meses tras vosotros ¿y ahora te asustas? tsk! menuda agente estás hecha... Tus acercamientos hacia MI chico me ponen enferma y eso es algo que no voy a tolerar más

¿Q-Qué? n-no puede ser... o sea que todos esos sonidos... después de todo no era un general del Team Génesis como pensaba Raziel... — a la chica le costaba creer lo que estaba pasando — ¡Ese hombre es mío, no le perteneces! además, vamos a cumplir dos meses de estar juntos y... — se sonrojó un poco.

¡Ahora suéltame o te detengo a la fuerza! — respondió mostrando a su vez su llamativa placa policial — No te he hecho nada malo

¡CÁLLATE ESTÚPIDA! — saqué el cuchillo que llevaba bajo mi falda, apuntándola con éste — No me das miedo... y ¡ÉL NO TE PERTENECE! — respondí hirviendo en rabia.

¿P-Por qué haces esto?... — la chica atemorizada se llevó las manos hacia su rostro, intentándose quitar las lágrimas que caían de sus húmedos ojos.

Porque... ¡NO OS SOPORTO! él me pertenece sólo a mí... y si no es mío, no va a ser de nadie... ¿LO ENTIENDES? será mejor que acabemos con esto de una vez por todas... — mi rostro se había tornado oscuro y con una mirada penetrante. — MWAHAHAHA!

¡E-ESTÁS ENFERMA! nadie te va a amar, y menos aún Raziel ¡ÉL NO TE SOPORTARÍA! — gritó desahogándose con furia.

¡¿R-Raziel?! ¿a-así se llama? — hundida en mis pensamientos, me puse a pensar, llenándome de felicidad al oír por primera vez el nombre de mi Senpai al que tanto admiraba. Siempre tenía la costumbre de llamarle cariñosamente ''Senpai'' o ''Sensei-sama'' usando preferiblemente el primero.

Sacudí mi cabeza para despertarme del trance, pues no quedaba mucho tiempo y debía de hacer esto rápido antes de que Raziel apareciera. — Mi querido Raziel me amará... ¡ES POR ESO QUE DEBO DESHACERME DE TÍ! — caminé lentamente hacia mi contraria, volviendo a apuntarla con el cuchillo, pero ésta vez sin darle oportunidad de reaccionar. Clavé el cuchillo en su estómago, desangrándose ésta como respuesta, mientras que su cuerpo débil caía de golpe al césped. Ahora solo había que esperar unos minutos más, y evitar que alguien viniese. — Raz-Senpai... todo esto es por tí, mi amor — trataba de posicionar bien el cuerpo de Charlotte.

Con las manos manchadas de la asquerosa sangre de mi víctima, tomé a la muchacha de las mejillas mientras su sangre brotaba cada vez más deprisa desde su estómago. — Ara, ara... — sonreí maliciosamente y de forma victoriosa con el objetivo de llevarme a Charlotte de allí sin llamar la atención, hasta que al cabo de varios segundos, noté la presencia de alguien que se acercaba hacia mí.

Oh, lo que faltaba ahora... — murmuré de mala gana, debía verme calmada y actuar como una persona normal para no levantar sospechas, pero la falta de cordura no me ayudaba en absoluto. Por otro lado y por fortuna, Shadow y mis otros Pokémons habían podido dejar debilitados a los otros Pokémons y la oscuridad de la zona me ayudaba en parte a ocultar el crimen.

S-Senpai... ¿eres tú?

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Si quieres que edite alguna parte del post, házmelo saber ^^ ¡y gracias por el regalín! ♥ (?)

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A veces tenía miedo. Era imposible no tenerlo. Te sientes observado, acosado. La teoría del Team Génesis espiándote, con su mirada en tu nuca, esperando el momento justo para atacar... deben querer a Regirock para algo. Aunque esa no era la única teoría, había muchas. Y era un hecho que algo ocurría. Pero no podíamos simplemente quedarnos en casa temblando de miedo, sin salir, sin hacer nada para estar seguros. Eso no es vida. Teníamos que lograr hacer vida normal. Con precauciones y los ojos bien puestos, pero vida normal.

Siempre me preguntaré si pensar eso fue un error, o si se pudo haber hecho de otra forma que evitase esta tragedia y nos librase de esa loca.

— ♦ —


— Joder, me olvidé de las olivas. La vida sin olivas no es vida. — Me alejo de Lottie a toda prisa para comprarlas antes de que cierren, siquiera sin pensar en ello, aunque antes debo pasar por casa a por más dinero. Como hacía un tiempito que no ocurría nada extraño, la situación estaba más normalizada, y no estaba tan paranoico.

— Espera, si en el otro bolsillo ya tengo dinero... tengo la cabeza loca. — Regreso con Lottie antes de tiempo, sólo para encontrarme un panorama que mi mente no es capaz de creer. Tras buscarla un poco, pues no estaba donde habíamos quedado, me encuentro a todos los Pokémon de Lottie abatidos y a ésta, por lo que deduzco al ver un cuerpo femenino en el suelo con ese inconfundible pelo rojo, estirada junto con una figura humana a su lado que no logro reconocer.

Lo siguiente fue más un acto instintivo que racional.

— ¡Aggrock, Roca afilada! ¡Apunta con precisión a la chica que está en pie! — Muy seriamente, y adelantándome, confío el futuro en aquella jugada.

Aggrock golpea con fuerza el suelo y varias estacas de roca surgen de éste bajo los pies de la chica. Una vez la nube de humo se disipa observo que ha sido un fallo, sin saber cómo. Eso hace reaccionar a Lottie. Ésta logra ponerse en pie de un rápido movimiento, localizar a la figura humana y ejecutar una rápida patada baja con el objetivo de desequilibrarla. Entonces se aleja un metro y se recuesta contra el suelo, tapándose la herida con la mano.

— ¿Una puñalada y ya me das por muerta? ¿Y encima con tan poca técnica? — Lágrimas brotan de sus ojos por todo el shock mental previo, pero éstos muestran una expresión de furia por la chica. — Me niego a morir. Y tú vas a pasar el resto de tu vida encerrada. ¡Aléjate de Raziel y de mí! — Ésta se pone en pie, motivada, y corre hacia la chica.

Todos los Pokémon de Lottie se encuentran debilitados, así que ésta recurre a sus técnicas de autodefensa para combatir cuerpo a cuerpo a la asesina. Entonces los Pokémon de ésta se interponen, pero rápidamente son dispersados por Skorpy, que sale de debajo tierra con sus pinzas en alto, y con Aggrock y Spikey, el cual viene volando. Éstos están debilitados por el combate previo, así que no tienen oportunidad.

Sin embargo, en cuanto quiero darme cuenta, antes de llegar hacia Lottie para darle apoyo, ésta recibe otra puñalada, pero esta vez en el cuello, y cae desplomada al suelo. Éste es uno de esos momentos que no parecen reales. Simplemente, esto no puede estar ocurriendo. Parece alguna historia sádica y enferma escrita por una mente que disfrute de tales actos. Y te niegas aceptarlo. Pero no siempre tus pies reaccionan para seguir caminando, ni tus manos para poder hacer nada. Me encuentro mirando al suelo, a penas pudiéndome apoyar con mis manos, mientras las lágrimas bajan por mis mejillas. Aggrock reacciona ante mi pasividad, ejecutando otra Roca afilada para dispersar a la agresora. Por suerte, es suficiente para hacerme volver a la realidad y lograr acercarme al cuerpo echado en el suelo para llevarlo a varios metros hacia Aggrock, estando relativamente a salvo.

— ♦ —


Es Lottie. Y está sangrando. Tiene una profunda herida en el estómago, proveniente del cuchillo que logro ver claramente en la mano de aquella chica que desconozco. Aunque la herida del cuello es más grave. Entonces, algo dentro de mí comienza a revolverse. — Debo salvarla. Debo salvarla. — Dejo a un lado la bolsa de la compra que tengo y comienzo a rebuscar por algo que pueda utilizar para estabilizarla, mientras Aggrock y Spikey me apoyan. Desgraciadamente no encuentro nada que pueda servir. — Pero debo hacerlo... — Usando algunas telas improvisadas comienzo a hundir mis manos en su herida e intentar darle primeros auxilios.

Entonces, mis brazos se bloquean por unos instantes. — No... por qué... — Unas memorias antiguas se muestran en mi mente. Me veo a mí, más joven, hundiendo sádicamente mis manos sobre un herido, curándole la herida pero haciéndole sufrir. Disfruto hacerle sufrir. También me veo a mí, de niño, aquel día en el orfanato cuando, rodeado de tomates, vi la sangre salpicar aquel cristal y a mis amigos morir. ¿Eso fue el origen de todo? Sí. A partir de ahí, aprendí medicina. Estuve muchos años salvando muchas vidas... y también provocando mucho sufrimiento y dolor. La sangre brota y limpia la mente.

— No... ¡No! ¡Ya no soy así! — Con pavor en mis ojos, me aparto y me echo a un metro de Lottie, apoyado contra un árbol, mirando al suelo y a mis manos sangrando.

— No puedo. No como antes. Dejé esa vida atrás. Dejé la medicina que me hacía comportarme de esa forma tan... extraña. Por eso quise ser Profesor Pokémon. Ya no soy aquel que disfruta con el sufrimiento ajeno, y por eso ya no puedo curar, pero... Tengo que curarla. — Tras unos segundos en que no logro reaccionar, por fin vuelvo en mí y soy capaz de proseguir. Pero ya es demasiado tarde. Estos críticos segundos que tardé en reaccionar llevaron a su muerte. — No pudiste hacer nada, el corte era demasiado profundo y en un mal sitio. Espera... pudiste haber evitado el corte. Fuiste muy lento. No. No te culpes, por favor, Raziel. — No lo sé.

— ♦ —


Ni siquiera he podido oír su voz por última vez. No podré volver a saber lo que piensa. A preguntarle cómo le fue el día. Oír cómo ríe al hacerme bromas, o cómo llora cuando la vida le pone obstáculos. No podré apoyarla ante esos obstáculos. Quería... quería ir con ella de nuevo al parque de atracciones, y lograr montarme donde no tuve el valor de montarme la otra vez. Decirle que "a tanta altura mi Pokédex perderá señal y ando descargando unos datos para el laboratorio" era sólo una excusa. Quería ser sincero con ella. Quería... quería abrazarla. ¿Qué más? No lo sé. Sólo abrazarla. Si podía hacerlo, el resto estaría bien. Da igual cuánto tiempo tardase o qué obstáculos hubiera. Da igual lo que yo sufriera. Ella estaría ahí, y todo avanzaría hacia adelante. Simplemente aceptaría mis sentimientos y seguiría esforzándome por los dos.

Pero ahora nada de eso importaba, pues nunca más volvería. ¿Cómo se puede describir lo que se siente en el momento en que la persona más preciada para ti se va, y comprendes que nunca más volverás a verla? No se puede describir, así como no se puede entender. Ni siquiera yo mismo puedo comprender lo que ocurre en mi mente, ni qué hace a mi cuerpo moverse para reaccionar a esto. Aunque ya nada importa. — ¿O sí lo hace? Sí, su muerte. Debo matar a esa cabrona. Quiero mancharme de su sangre y que... No. Ella no sufriría tanto como yo estoy sufriendo. —  Espera... ¿qué estoy diciendo?

— ♦ —


Dejo, de forma descuidada, el cuerpo de Lottie a un lado. Éste se da un leve cabezazo contra el suelo. Giro la cabeza y esbozo una expresión de dolor. — Da igual. Ya da igual. Sólo importa la venganza. — Apretando mis puños con fuerza, y totalmente cubierto por su sangre, me acerco a Spikey.

— Spikey, préstame tu fuerza, por favor... y acaba con sus Pokémon. Yo me ocupo de ella... Todos, por favor... — Con la mirada perdida y llorando, acerco mi mano a las alas de Spikey y las palpo con cuidado.

Acero puro. El tacto es frío, pero a la vez reconforta. Llevo mis dedos hasta la base de ésta, de dónde brotan todos los fragmentos verdes de acero que forman el ala. La base no está afilada, pues es acero de unión entre el ala y el cuerpo. Pongo la mano ahí y agarro con fuerza la base mientras miro a Spikey. Éste asiente, aunque aturdido por la situación.

No sé qué estoy haciendo. No sé si puede funcionar. No sé si sigo siendo yo mismo. Spikey, de alguna forma u otra, logra hacer un pequeño esfuerzo para desprenderse de ese fragmento afilado y largo de color verde de su ala. Esboza una mueca de dolor. Le duele, pero parece que no es demasiado. Sin embargo, su expresión es de desconcierto. Jamás me había visto así, pidiendo algo así. Ni yo mismo sé qué quiero hacer con este arma, pero la necesito para enfrentar su cuchillo. — Sólo es para enfrentar su cuchillo... ¿cierto? — Tomo mi espada improvisada con ambas manos y corro hacia la chica. Lo que yo no sabía era el efecto que mi comportamiento podría tener en mis compañeros. Pero éstos estaban tan chocados como yo por la muerte de Lottie, y querían resolverlo. Querían confirar en mí, en que yo hacía lo correcto, en que yo quería lo mismo que ellos. Esperaba no defraudarles, aunque ni yo mismo supiera qué quería hacer ni qué movía mi cuerpo. ¿Ansia de sangre, muerte y venganza? ¿Impartir justicia? ¿Dejarla desarmada y dejarla entre rejas, el cual era el deseo de Lottie? No lo sé.

— ♦ —






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Aquella silueta humana se acercaba hacia mí, por suerte pude ver con antelación de quién se trataba. Acercándose paso a paso pude desvelar una sombra que se me hacía muy familiar, Raziel lo había visto todo, estaba serio y su mirada completamente perdida y puesta en mi archienemiga, la cual se encontraba junto a mí, sujetando su cabeza entre mis manos, aún sangrando desde su estómago. Ya era demasiado tarde, estaba claro que no podía ocultar el cuerpo, el hecho de que él supiera quien había sido la asesina de su ''chica'' ya la estaba fastidiando.

Segundos más tarde, la contraria logra despertar y con ello reaccionar ante ese ataque Roca Afilada. Era increíble, aún estando en ese estado la joven se mantenía firme, pero no podía dejarla viva ¡NO!, no si está a cada rato pegada a él. — ¿Crees que una débil patada como esa va a lograr desequilibrarme? HA HA HA! no me hagas reír... — comenté de mala gana, rodando los ojos para después girarme y ver más de cerca al profesor. — Así que, al fin nos encontramos cara a cara mi lindo Senpai — dije en voz baja, llevándome ambas manos a las mejillas, sosteniendo éstas a la vez que mis pómulos se tornaban de un color rojizo sin deshacerme aún de aquella mirada aterradora.

Por otro lado, la joven Charlotte intentaba ponerse en pie como podía, con el objetivo de arremeter contra mí. — Uhm? pensaba que ya te había matado, no sé como te quedan fuerzas para levantarte, ya sabes donde vas a estar el resto de tu vida y déjame decirte algo... Raziel me pertenece... y... ¡SI NO ES MÍO, NO SERÁ DE NADIE! — miré a la contraria con desagrado y rabia, asestándole a su vez otra puñalada en el cuello, intentando rematarla. — Al menos ya no tendré que soportar tu presencia.

[...]

° ° ° ° ° ° ° ° °

Pasaron varios minutos y Charlotte estaba muy débil, había perdido bastante sangre y ya era difícil intentar salvarla. Alcé la vista para ver al joven profesor, éste sostenía en sus manos algunas telas, las cuáles hundía con fuerza en el vientre de la chica, ¿tal vez las usaría para cortar la sangre? estaba claro que aquello no le iba a ayudar. — ¡Oh vamos!, haciendo eso sólo lograrás abrir más la herida o incluso mancharte aún más tus preciosas manos de esa repugnante sangre. Déjala a un lado y céntrate ahora en nosotros... — aprovechando el estado de shock del chico, me acerqué despacio hacia él y coloqué ambas manos sobre su pecho, recostando mi cabeza sobre éste.

El contrario se mostraba bastante aterrado, y de un movimiento brusco, me tomó de los hombros, apartándome con fuerza hacia un lado. El temblor se apoderaba cada vez más de él, apartándose con rapidez de mi lado y hundiéndose cada vez más en sus pensamientos. — S-Senpai, ¿p-por qué?... y-yo te amo... — al chico le costaba comprender la situación. ¿No entendía que todo lo que hacía era por él? el amor enfermizo que sentía por éste me conducía a hacer cosas insanas, necesitaba tenerlo a mi lado... sentir su olor... su respiración... le necesitaba. ¿Quizás estando junto a él, cedería mi sed de sangre? incógnita, la cuestión es no alejarlo nunca de mí.

Se podía notar la expresión de dolor que tenía el chico tras dejar el cuerpo de Charlotte ahí tendido, tirado en el suelo, impregnado de su propia sangre... ¿una trágica escena tal vez? quizás para él sí lo era, pero para mí era todo lo contrario. Debía aprovechar ahora el intentar hacerlo mío, mi archienemiga ya no estaba y no se interpondría nadie más entre nosotros, era algo maravilloso.

[...]

° ° ° ° ° ° ° ° °

Shadow se encontraba sentado a mi lado, me acerqué a éste mientras que con una mano agarro fuerte mi cuchillo y con la otra acaricio con suavidad el lomo de mi Pokémon. — Shadow, ha llegado el momento... quémalo todo. Yo me encargaré de mi lindo Senpai mientras tanto, tú y los otros acabad con sus Pokémon tal y como os enseñé. Aprovechad el mínimo descuido para atacar, cuento con vosotros chicos — dije dedicándole a mi Pokémon una siniestra risa, mientras que éste asentía de igual forma y señalaba el lugar a todos mis Pokémon restantes para dar comienzo con el plan.

Era el momento, me dirigí donde el profesor, empuñando mi cuchillo aún cubierto de sangre. Miré al chico, dedicándole una tímida sonrisa. — Senpai... no quiero hacer esto, soy más fuerte que tú y no quiero herirte — levanté la vista, dirigiendo mi mirada hacia aquel objeto punzante de acero que sostenía el profesor entre sus manos, a modo de espada. — ¿Estás intentando hacerme sentir mal? E-Espera... ¿en serio vas a usar las alas de tu Spikey para enfrentarme? mírate, estás ridículo y... ¿quizás tierno? — sonrojada, solté un leve suspiro mirando al contrario, éste ya había iniciado su carrera hacia mí e igualmente procedí a hacer lo mismo. Agarré con fuerza el cuchillo y corrí rápidamente hacia el profesor.

De un rápido movimiento logré esquivar su placaje, guardé el cuchillo bajo la media de mi muslo y agarré al chico del cuello tirándolo contra el suelo, subiéndome encima de éste para inmovilizarlo. — No está mal, después de todo tu querida Lottie no te enseñó la suficiente autodefensa personal que deberías — le dediqué una pícara sonrisa mientras esperaba que éste pudiese reaccionar. — No quiero usar mi cuchillo con el hombre que amo, así que... ríndete antes de que las cosas se pongan peores — lo miré a los ojos fijamente y sonriendo de lado. Tal vez éste estuviera actuando por puro instinto o simplemente quería venganza tras lo ocurrido, pero de todos modos ésto no arreglaría nada y quizás no estuviera actuando como debiese. Sólo esperaba que algo bueno saliera de todo ésto.

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Simplemente no podía aceptar lo que estaba ocurriendo. No podía darle forma al pensamiento de que aquello que era todo para mí me fuese arrebatado por una demente colegiala. Mi cuerpo se movía sustentado por la valga e improbable idea de que ella siguiera viviendo y que se podría curar, más por ello mi determinación había crecido. Veía los ojos de aquella loca mirarme, toda sonrojada, llevando sus manos a sus mejillas y sonriendo de forma aterradora. — ¿Senpai? ¿Yo? Pero qué mierda... — No nos conocíamos, pero al parecer ella sí sabía algo de mí. Pero no me interesaba descubrirlo. No me interesaba ella ni su vida. Sólo quería verla sufrir ante mí, y dejar a mi yo futuro el marrón de pelearse con sus voces interiores para tomar la decisión de matarla o dejarla vivir y que sufriera más. Debía detenerla para que Lottie estuviera a salvo.

No pude reaccionar. Sólo intentos vagos de cortar la hemorragia, que no sabía si serían efectivos, aunque me negaba a rendirme. Ni siquiera pude reaccionar cuando la loca puso sus manos sobre mi pecho y recostó su cabeza. Sentía un extraño pero reconfortante calor. — ¿Hasta qué puntos debo llegar? No estoy bien... — No quería tenerle cerca. Debía alejarla de mí. Era demasiado desagradable aquel concepto de pertenencia y de que si no sería de ella, no sería de nadie. Definitivamente algo no andaba bien en su mente. Mi vocecita buena me decía que ella era una víctima, que la dejase vivir y la llevase a un centro psiquiátrico. Mi vocecita mala no necesitaba argumentos para convencerme, sólo me seducía con un susurro constante y un fogoso intercambio de miradas. Pero ese no era yo. Por mucho que estuviese años ocultando mi verdadero yo, no era un asesino.

— Aunque vas a sufrir, eso está asegurado. — Tomaba el fragmento de ala de Spikey con fuerza cual katana y una sonrisa perturbada, al punto que a veces me sangraban las manos al tocar partes de fuera de la empuñadura por accidente, pero no me importaba ni me afectaba.

Entonces, una de las piezas clave abandonó el tablero. Una de las variables que estaba trastocando la fórmula desapareció. Lottie desapareció de mi mente, dejando una fotografía de un estado peligroso pero que sin duda resolvería a futuro. Ya no me preocupaba por ella. Ahora tenía claro en qué debía centrar todos mis esfuerzos para, una vez resuelto, poder llevarla al hospital y curarla. Ahora era sólo aquella demente y yo. Nuestros Pokémon se enfrentarían entre ellos, como debía ser. No necesitaba siquiera dedicarles unas palabras, pues no creía ser capaz. Ellos sólo debían ver mis ojos cubiertos de odio y lágrimas para salir de sus Pokéball por su cuenta y ayudarme.

♦️


Había llegado a un punto que sus palabras entraban por un oído y salían por el otro. Parecía estar debatiendo sobre lo que estaba yo haciendo con este arma y sobre cómo me veía, pero sinceramente no quería escucharla. Sólo venganza. Sin embargo, antes de darme cuenta me encuentro en el suelo y la dichosa silueta femenina inmovilizándome. — Esta chica está muy preparada... — Observo con odio lo habladora que está, más ni una sola palabra logra salir de mi boca.

Le miro con furia, pero una sonrisa se forma en mi rostro. — No me importa... ni qué tan buena seas, ni qué más fuerte seas... a la mierda se puede ir todo. — Moviéndome por pura determinación y desesperación más que por energías, penetro a la chica de frente con mi katana. Comienzo a apretar, riendo, mientras su sangre brota y mancha todo mi rostro. Ha sido sólo una puñalada en un costado del estómago. No letal. — ¿Ha sido la vocecita que me indica que no la mate... o algo más que no logro percibir? Como sea, debo dejarla fuera de combate. — Intento derrotarla, pero un dolor agudo no tarda en dejarme sin energías. De ahí, todo es negro.

♦️



Un olor peculiar. El ferroso olor del líquido carmesí que forjó mi juventud. Por mucho que hice y traté de ocultarlo, por mucho que intenté ocultar ese pasado... es inútil, ¿cierto? Todo acaba volviendo. Ya lo hizo en el gimnasio de Raine, en aquel reto de gimnasio, dónde en una de las pruebas se abrió la caja de Pandora y toda la mierda oculta volvió a brotar... desde entonces no volví a ser el mismo. — Más bien... volví a ser quién yo era... — Ya no lo negaba. Aunque me asustaba el resultado, qué traería a futuro. Entonces, una silueta negra de cabellos pelirrojos se forma en mi mente bruscamente.

Comienzo a convulsionar, a moverme con fiereza en el sitio, sin siquiera palpar u observar el entorno que me contiene. Mis ojos siguen cerrados, con lágrimas ya secas sobre mis mejillas. Entonces, aquellos cabellos rojizos se convierten en sangre y cubren toda la silueta hasta hacerla desaparecer.

—¡Lottie, vuelve! No... — Simplemente tres patéticas palabras logran salir de mi boca mientras me lamento y abro los ojos con fuerza.

El olor a sangre comienza a ser menos presente ahora que nuevas vía sensitivas se han activado. Mientras mi visión lagrimosa comienza a aclararse, intentando abrir los ojos ante aquella molesta luz tras tantas horas de oscuridad, el roce de lo que intuyo son unos grilletes de metal sobre mis muñecas comienza a hacerse molesto. Ya con la visión aclarada, puedo observar lo que claramente es un sótano. Todo cubierto de sangre, múltiples armas y materiales de tortura... en la lejanía puedo observar mi bata blanca de laboratorio junto a otros objetos, pero no estoy en condiciones de centrarme en percibirlo.

Noto los grilletes sobre mis muñecas e intento tirar de ellos en vano. La sola visión del sótano de entrada no me afectó, pero el verme atado a una de las columnas comenzaba a hacer que el pánico me invadiera. Unos jadeos por el esfuerzo comienzan a salir de mi boca mientras sigo tirando de ellos, pero es inútil. Como un pez fuera del agua, comienzo a darme cuenta de que tengo piernas y a intentar ponerme en pie, resbalando por toda la sangre que hay bajo éstos. — ¿Será mi propia sangre, la suya o la de...? Espera, suya... ¡La colegiala morena! — Como un torrente repentino de información, la culpable de todo esto viene a mi mente, y el recordar aquel dolor punzante en nuestro combate me hace entrar más en pánico. Bajo mi vista hacia mi pecho, confirmando mis sospechas; fui derrotado y apuñalado.

Rápidamente cierro la boca y permanezco en silencio, aguantando el dolor que hasta entonces no había percibido, y tratando de analizar la situación y de mantener la calma. — Mierda, me atrapó... Me va a... Cálmate, idiota, no grites. ¡Mierda, grité antes! — Mi respiración se acelera un poco, pero a los pocos segundos soy capaz de mantener la calma y quedar en silencio. El silencio antes de la tormenta, sabiendo qué es lo que pronto se aproximará. — Quizás tengo todavía tiempo... quizás salió de casa a hacer sus recados de yandere, quizás está afilando sus cuchillos... ¡Tengo tiempo, joder! Venga, piensa en un plan... ¡Haz algo! — Mi instinto de supervivencia se antepone ante cualquier otro pensamiento y, ahora más calmado, aunque no lo suficiente, comienzo a pensar.

♦️






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Bastó un solo movimiento para tener al chico a mi merced, pero... ¿por qué se había dejado domar como un perro tan repentinamente? simple, sus intentos de contraatacar eran inútiles teniéndome tan cerca, y más ahora que permanecía inmovilizado y acorralado bajo mis piernas. Eran demasiado fuertes los sentimientos que tenía sobre dicho profesor en esos momentos, sin duda alguna. ¿Quién lo diría? tener atrapado en aquella posición al chico me hacía estremecer cada vez más, era casi un sueño hecho realidad. Por fin podía tenerle cerca, tocarlo, respirar su olor... aquella persona sin duda alguna me hacía sentir tantas emociones juntas, las cuáles hasta ahora no habían despertado. ¿Qué haría ahora? estaba claro que mi intención era hacerlo mío, por encima de todo, simplemente debía seguirle el juego.

Tras un largo rato hundiéndome en mis extrañas fantasías, la grave voz del chico logra despertarme del trance al instante. — ¿Qué derecho tienes de hablarme de esa forma? ¡Idiota! — estaba por darle una bofetada en la cara al muchacho pero antes de darme cuenta, me encuentro tirada en el suelo de frente al chico, golpeándome sádicamente con su afilada katana en el costado de mi estómago. El fuerte dolor del impacto logra dejarme sin apenas energías, no podiendo con ello responder por defensa. Estaba perpleja y sin saber cómo reaccionar, era como si estuviera viviendo una terrorífica pesadilla de la que me era difícil escapar, que mi lindo y amable profesor se hubiera convertido en un monstruo sediento de sangre mientras me apuñalaba placenteramente como si nada, era desagradable. ¿Acaso yo era así? ¡Imposible! no podía tener la misma personalidad asesina que él, lo suyo era terriblemente insano.  — Arg... para, por favor... — respondía con un hilo de voz y sin parar de jadear mientras intentaba quitarme de encima al chico.

Llevé una mano a mi estómago, acariciando con suavidad el lugar en donde había recibido la estocada. — Ay... ¡duele! — mi rostro esbozaba muecas de dolor, por su parte, el profesor se encontraba riendo a carcajadas, como si de un loco se tratara, mostrando así una faceta que no conocía. La confusión volvió a apoderarse de mi mente — Raziel Senpai... ¿por qué lo has hecho? — preguntaba nuevamente con una voz muy débil, intentando entender qué era lo que le estaba pasando. El dolor agudo empeoraba la situación y la sangre no cesaba, por suerte, la puñalada no había sido muy profunda pero me costaba creer lo que estaban viendo mis ojos. — Lo siento, pero si quieres hacerlo... adelante — lo miré a los ojos desafiante, éste correspondió sonriéndome ampliamente pero con furia. Llevé una mano bajo mi falda, topándome con un cuchillo, el cuál usaría definitivamente como parte de mi venganza. Agarré con fuerza el mango del arma moviéndome con rapidez, sintiendo pinchazos agudos de la dichosa estocada, pero eso no iba a detenerme. Así pues, penetré al muchacho de frente con el cuchillo, provocando en su pecho un amplio corte mientras brotaba con rapidez su sangre. Había vuelto a mancharme la ropa de sangre, pero no me importaba. — Creo que es suficiente, por suerte aún seguirá con vida — comentaba con seriedad, viendo como el chico perdía en cuestión de segundos la consciencia para luego caer al suelo envuelto en un ruido sordo. — ¡HAA... HAA... AHHH! ¡al fin eres mío! — llevé las manos hacia ambos lados de mi rostro, sujetando con éstas mis mejillas mientras me reía a carcajadas como la loca que era.

Até con cuerdas al chico, cargando a éste entre mis brazos para después llevármelo a uno de mis lugares favoritos. Poco a poco me encaminaba hacia casa, llevando aún el cuerpo inconsciente del profesor. ¿Por qué hacía todo eso? fácil, mi obsesión por hacer mío al profesor era insana, aún sabiendo el ataque de muerte que me había provocado. Había llegado a mi preciado sótano, y rápidamente até a una columna al profesor, amarrando a su vez sus ensangrentadas manos, uniéndolas con unos grilletes. — No tienes escapatoria, querido — mencioné sonriendo con ternura, mirando de reojo al chico con lujuria. — ¡AY! debo curarme ésta herida si no quiero perder más sangre — dije esbozando una mueca de dolor volviendo nuevamente mi mirada hacia el chico, aprovechando que éste aún seguía inconsciente para al instante depositar un cálido beso en sus labios. — Enseguida vuelvo... — procedí a subir con cuidado las escaleras del sótano cerrando con llave la puerta de éste dirigiéndome al piso de arriba. Necesitaba darme una ducha y deshacerme así de los restos de sangre impregnados en mi piel.

° ° ° ° ° ° ° ° °

Mi rostro mostraba una amplia sonrisa, estaba riendo, claro está, pero ésta vez esa risa no era falsa, sino real. Por primera vez estaba riendo de alegría y sin necesidad de fingir como hacía siempre, ¿felicidad? sin duda era aquello, al fin podía sentir lo que era realmente la felicidad. Fue entonces cuando dos palabras salieron de mi boca.

Mi Senpai —  

Mencioné soltando un ligero suspiro mientras que el agua caliente de la ducha recorría todo mi cuerpo. Habían pasado varios minutos desde que entré en la ducha, con lo cual ya tocaba despedirme y salir a visitar a mi rehén. Secarme y cepillarme el cabello, hacerme una coleta y ponerme la ropa, son solo cosas que suelo hacer cada mañana, hasta que lo tenga al fin entre mis brazos, y afortunadamente ya quedaba menos para aquello. Sólo faltaba ese empujón y dar el primer paso con mi amado.

Miré apenada la herida — éste chico... ¿es así realmente o solo defiende lo que es suyo hasta llegar al punto de ser esclavo de su propia locura? — no paraba de emitir ligeros suspiros intentando encontrar respuesta, cosa que era inútil. — No quiero ni pensar en lo que hubiera pasado si me hubiera hecho algo peor... ¿por qué haría semejante cosa? Aunque tal vez quiera vengarse de mí por haber asesinado a esa perra. Meh, iré a ver si ya despertó — intentaba dejar de pensar en todo lo pasado, mientras acababa de vestirme.

° ° ° ° ° ° ° ° °

Salí de la ducha, dándole una caricia a Shadow en su peluda cabeza, pues el Houndoom se encontraba recostado cerca de la puerta que daba al baño. — Espera aquí pequeño, tengo que... eww... bueno, o-ocuparme de cierto asunto que... — un sonrojo invadió completamente mi rostro, el Pokémon por su parte, volvió a recostarse en el suelo sonriéndome con picardía. — Shadow, n-no va a pasar nada malo, t-te lo aseguro — me encogí de hombros mientras una gota de sudor frío caía por mi frente.

Bajé con cautela las escaleras hacia el sótano, visualizando cuanto más me adentraba, la silueta masculina aún atada, quien se mostraba aparentemente muy hablador. — ¿tiempo para qué, querido? veo que ya despertaste. Sólo fui a darme una ducha y bueno, aquí me tienes de nuevo — caminé hacia el joven mientras me acercaba cada vez más a éste. — ¿Y bien, de qué plan hablabas? te he oído murmurar algo mientras bajaba las escaleras — teniendo ya más cerca al profesor, levanté un poco la blusa que llevaba puesta con el objetivo de mostrarle la herida que me había provocado él mismo. — Agradece que no te haya descuartizado, me es imposible hacerte aún más daño... ¡ENTIÉNDELO ESTÚPIDO! — respondí dándole una leve bofetada por inercia — ...ya no me duele... — mi mirada pasó de ser fría a desafiante.

Llevé una mano al mentón del profesor, agarrando con fuerza éste para mirarle fijamente, sus ojos marrones oscuros, su cabello castaño casi negro y su pavorosa sonrisa, carecía de imperfecciones. Aún estando atado se veía realmente hermoso. — Dime, ¿qué piensas hacer? — una sonrisa triunfante se antepuso ante cualquier respuesta ajena al chico, mientras jugueteaba con un mechón del cabello de éste.

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No podía sentir más que satisfacción al notar mi improvisada katana hundirse con energía en su costado y que mi pulcra bata blanca de laboratorio se tiñese de rojo. No era capaz de pensar si había fallado y desviado del centro a propósito o si aquella chica era buena esquivando. Por un instante, llega a mí una voz con cierto tono de adorable sufrimiento que me pide que pare. ¿Parar? ¿Me tomas el pelo? Pararé... sobrevivirás, pero sólo para sufrir eternamente. — No es compasión. Es venganza. Autocontrol para poder ejecutar la correcta justicia. Entonces unas palabras me hielan la sangre.

— ¿¡Qué he hecho!? ¿¡Estás putamente loca!? ¡Mírala! — Señalo a la pelirroja desangrándose en el suelo mientras mi furia respecto a la morena sólo crece.

Craso error. Esa distracción al observar a la luz de mis días es toda la que la chica necesitó para llevar su mano a su falda y, cuando quise darme cuenta, dejarme tumbado en el suelo de un corte. Mientras todo se tornaba negro, aquella risa maniática penetraba profundamente en mi mente.

— π —


Aterrador. Aquellas palabras me dejan paralizado mientras el sonido de sus pasos bajando las escaleras auguran la desgracia. ¿Cómo sabe que busco tiempo para...? ¿Se me ha escapado lo del plan? — Comienzo a rallarme, pensando si la chica tenga capacidades para leer la mente, o más bien aterrándome más por ser capaz de predecir en qué estaría pensando. Sólo quiere jugar con tu mente... — No soy capaz de concentrarme. ¿Quién podría en esta situación?

Aprovecho para dar un par de toques en el suelo con la punta de mi pie derecho, y luego lo deslizo de un lado a otro lentamente, haciendo ver que son espasmos. Agradezco tener al menos los pies libres en este sentido.

Mis párpados bajan levemente y mi expresión se vuelve totalmente neutral. Respiro con calma por unos segundos. Observo aquella herida, y permanezco neutral ante el gesto de la chica y su jugueteo con mi mechón de pelo.

— Tú ganas, ya me tienes. ¿Qué es lo que quieres, entonces? ¿Robar a mi Pokémon legendario? ¿Mis investigaciones? ¿Mis tomates? Ay no... mis tomates no, por favor. — Comienzo a hacer un poco de drama, sorprendido. — ¿Hacer? Pues no sé... Me apetece hacer unos espaguetis con tomate. — Suelto una leve risa, para intentar anteponerme a la situación y no caer en la depresión.

Bien. Todo va bien. Recuperado del shock inicial. Debo mostrarme tal como soy. Si dejo que el miedo se apodere de mí, la habré cagado. Quizás nunca pueda salir de aquí si la cago. Debo liberarme para poder tomar venganza contra ella.

— π —


Análisis de la situación. He tenido poco tiempo para ello. Desgraciadamente el shock inicial me hizo... causar un alboroto y descubrir mi estado. Silla de madera contra columna de hormigón, manos atadas a la espalda y pies atados entre ellos, ambos con grilletes. Dos pares de grilletes con los que lidiar. Obtener la llave puede no ser una opción. Mi movilidad ahora es cero, a excepción de la boca y los ojos. Estamos jodidos. — Mi Pokédex está sobre aquella mesa. Si me hago con ella, puedo emitir una señal de socorro. Ni rastro de mis Pokéball ni Pokémon. Sólo me queda... seguir confiando en él. Oh sí. — Rápidamente se forma una sonrisa en mi rostro.

Comienzo a mover lentamente mis pies. Entonces simulo toser un poco.

— Tengo sed... he perdido mucha sangre. — Intento mantener buena cara ante la petición, para asegurar su éxito.

Maldita hija de su madre. ¿Cómo puede estar tan tranquila y serena cuando acaba de...? Estoy haciendo un esfuerzo inhumano para no llorar ante la pérdida de Lottie, sostenido por la sola idea de salir de aquí y poder vengarla. Pero ella parece totalmente ida de su mente, como si esto fuese algo normal. Y aún no me ha dicho qué quiere.

En cuanto va a la cocina a por agua y me deja unos segundos solo, aprovecho para ejecutar mi plan. No puedo arriesgarme a no ser visto, pues podría tener cámaras por todo el lugar. Pero estoy preparado para esto. Doy otro par de toques en el suelo con la punta de mi pie, y seguidamente lo deslizo de un lado a otro con calma de nuevo. Quedo unos segundos en silencio. Cada vez que doy los toques, y en momentos aleatorios, simulo algunos espasmos y muevo mi cuerpo, para que así, en caso de verme, no se extrañe al mover mi pie de esta forma, pensando que forma parte de los espasmos por el shock de la situación y la pérdida de sangre.

Llevo un buen rato, desde que he despertado de mi inconsciencia, dando toques en el suelo y deslizando mi pie, mandando una señal. Y entonces un minúsculo temblor comienza a suceder por el lugar. Sigo deslizando el pie de un lado a otro, sudando. Por fin el temblor logra apaciguarse.


Un patrón de sonidos muy leve confirma la presencia de Aggrock bajo tierra. Me alegro de haberle enseñado que si seguida de la doble pisada restriego el pie por el suelo, no debe mostrarse y se requiere sigilo máximo y reducir el temblor generado. Realmente me sorprende la inmensa capacidad del Coloso Legendario de tipo Roca para haber oído el doble toque desde la segura larga distancia que tendría. Al ser un Pokémon puramente artificial, sin órganos orgánicos ni oídos, debe ser como un rádar detectando ondas desde kilómetros de distancia.

Prosiguiendo con la enseñanza, comienzo a dar más toques en código morse, e indico a Aggrock que vaya a por ayuda. No podemos arriesgarnos a que él solo intente sacarme de aquí y sea atrapado también.

— π —


Los minutos se hacen eternos. Debo lidiar con la situación, hablar con ella para ganar tiempo, descubrir qué trama. De aquí a que venga la ayuda puede pasar mucho tiempo, así que debo resistir... cualquier cosa que a esta loca se le ocurra hacerme. Esperar ver qué me responde, cuáles son sus objetivos, buscar puntos débiles a los que poder atacar. Ahora todo depende de ella.

— π —






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Por suerte, aún encontrándome en ese estado contaba con la fuerza necesaria como para darle un pequeño empujón al profesor y así apartarlo de mí. Levemente llevé una mano a mi frente para retirar el sudor del gran esfuerzo que había hecho, mirando con indiferencia al profesor, así  como escuchando sus palabras con sumo desinterés. — Ya veremos quien es el que sufrirá eternamente. Estás jugando con fuego querido profe y como bien sabrás, si juegas con él ten por seguro que te quemas... — mencioné de forma metafórica mientras me ponía poco a poco en pié, pues ya no me quedaban fuerzas para continuar.

¿¡Y quién te crees que ha sido el responsable de todo esto!? ¡MÍRATE! Ahora mismo estás actuando como un loco desquiciado, ¿y me llamas loca a mí?… — respondí con frustración y enfado, pero sobre todo odio, lo cuál no era bueno, al menos no para el profesor. — ¡Deja lo atrasado en el pasado, no hay nada más que puedas hacer para salvarla, estúpido!. Ya es tarde — mi respiración era errática y mi vista permanecía borrosa, mostrando aún un gesto de maldad en mi rostro, haciendo caso omiso al cadáver de la chica.

° ° ° ° ° ° ° ° °

Afortunadamente, la suerte me sonreía, pues el profesor había caído de golpe al suelo envuelto en un ruido sordo, mostrándose inconsciente, como si de un combate Pokémon se tratara, en el que un oponente obtiene experiencia y se proclama vencedor mientras que el otro solo tiende a caer débilmente tras ser derrotado, así como ser capturado mediante una esfera bicolor. En este caso, la Pokéball no era necesaria para capturar a mi compañero, tan solo necesitaba una columna, fuertes grilletes y un oscuro y siniestro sótano, eso fue lo único que necesitaba para hacerme con él. No daba crédito a lo que veía, parecía como si se tratase de un sueño hecho realidad.

Tomé al profesor para llevarlo a un lugar seguro y con ello ejercer mi plan.

Ya estando más cerca del profesor, a escasos centímetros de sus labios, procedí a deslizar mi dedo índice con suavidad sobre su pecho, mostrando una pícara sonrisa. — Te noto muy tenso, ¿qué te pasa? — el profesor se veía bastante agitado así como asustado, y justo en ese instante, respondió a mi pregunta dando pequeños toques en el suelo con su pié derecho, deslizando a su vez el mismo como si diera a entender que le estaban dando espasmos, tal vez por el trauma anterior. — ¿Hm? ¿te pasa algo? deberías relajarte, por tu bien — lo miro un poco preocupada pero mostrándome servicial ante todo.

° ° ° ° ° ° ° ° °

Solté una carcajada ante los comentarios y preguntas del profesor. — JA JA JA!  Oh, vamos... no pienso robarte nada, quédate tranquilo. Sé lo valiosos que son tus tomates para tí, cariño... no te preocupes, te los puedes quedar sin problema, tan solo te quiero a ti, eres lo único que he estado protegiendo durante todo este tiempo... y al fin te tengo  — no pude evitar soltar otra carcajada viendo la expresión del chico, pausando segundos después, para ocultar mi ruborizado rostro tras mencionar lo siguiente. — Ehm… n-no, precisamente no era eso lo que te había propuesto hacer… — solté un suspiro de resignación, llevándome una mano a la frente. Al profesor le gustaba bromear y mucho.

Deberías relajarte... no tienes por qué estar tan tenso, no te voy a hacer nada malo. Aunque, seguro que estarás incómodo estando ahí atado contra esa dura y fría columna… — con rapidez, fui a por una cómoda silla de madera así como a por otro par de grilletes para mi rehén, revisándolo todo con mucho esmero para asegurarme de que el profesor no podría escapar. — Awww... mírate, estás sentado y atado en esa silla, al cuidado de tu chica para que no tengas que molestarte tú mismo, ¿no es romántico? — lo miré llevando ambas manos a mis mejillas, con gesto soñador, despertando segundos después del trance al notar el movimiento de los pies del chico y su leve tos.

° ° ° ° ° ° ° ° °

¿Q-Qué? justo ahora que íbamos a… d-digo, ahora te traigo un poco de agua, no me tardo — corrí hacia la cocina para traerle lo que quería. Shadow por su parte, se encontraba estirado durmiendo plácidamente sobre el sofá, era adorable. Ya le había avisado de que si alguna vez notaba un movimiento raro dentro de la casa, que estuviera atento y permaneciera preparado para atacar sin piedad a quien sea. Claro que también contaba con la ayuda de varias cámaras, no sabía precisamente la razón por la que las tenía, mi madre solamente me dijo que me serían de utilidad si alguna vez alguien entraba o huía de la casa, descubriendo así la identidad de esa persona. Seguramente me iban a ser de mucha ayuda.


No debía dejar al profesor desatendido, ¿quién sabe?... tal vez ya había avisado a alguno de sus Pokémon para que vaya en su rescate. Obviamente, no podía asegurar con claridad cuál sería el plan del profesor ni si es que acaso se ha molestado en pensarlo, pero aún así, debía actuar con cuidado y no dejar que nadie más se interpusiera en nuestro camino. — ¡Te traje agua, cariño! — decía levantando un poco la voz mientras cerraba con seguro la puerta del sótano, agarrando la bandeja con el vaso de agua para bajar luego las escaleras que me llevarían donde el muchacho, visualizando a escasa distancia su silueta masculina.

¿He tardado mucho? espero que no te hayas aburrido en mi ausencia — sonreí mientras tomaba las manos del profesor, cogiendo la llave para abrir los grilletes y que bebiera el agua cómodamente, sin quitarle un ojo de encima. Teniendo ahora distraído al profesor, logro sentarme de frente sobre sus piernas, rodeando con éstas las caderas del chico, mientras me recostaba en su pecho. El profesor se tambaleó un poco, atemorizado ante la inesperada acción. — Senpai… tu pecho es tan cálido y suave… ¡podría pasarme horas recostada en él! — desde mi posición, lograba notar su ritmo cardíaco bastante acelerado, fue entonces cuando una sonrisa pícara se apoderó de mi rostro. — Ten cuidado, no vaya a ser que se te caiga el vaso y nos empapemos de agua — comenté pícaramente entre risas, comenzando a llenar de besos sus acaloradas mejillas con la intención de relajarlo, aunque seguramente conseguiría hacer lo contrario.

° ° ° ° ° ° ° ° °

Dime, ¿de qué se trata eso que mencionaste antes? tengo curiosidad — pregunté tímidamente, aún besando despacio una de sus mejillas. La distancia que había entre nuestras caras era escasa, su respiración agitada unida al estado de shock que presenciaba, hacían la situación bastante incómoda para ambos, pero tranquila a su vez. Había llegado el momento de conversar y descubrir así los secretos del profesor.


Spoiler:
Después de tantos meses, la inspiración logró llegar al fin a mi mente te toca darle duro al tema (7u7) (?)

Si quieres que cambie o edite algo, házmelo saber, porfi (;^;)

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Spikey

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Roca afilada - Terratemblor - Protección - Gravedad
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Inmunidad - Pícara
Terremoto - Tóxico - Respiro - Mofa
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Aethernal

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Carga tóxica - Tóxico - Síntesis - Drenadoras
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Por unos instantes me miré a mí mismo ante las palabras de la loca. Algo se removía en mi estómago. Traté de llevarme las manos a la boca para controlar mi respiración.

— Yo... ¿un loco desquiciado? — Río un poco, mientras seguía llorando sin poder mantener del todo la cordura en la situación. — Quizás sí. Quizás es lo que necesito para acabar contigo. ¿¡Y qué!? — Mi rostro muestra más furia todavía.

En aquel momento varios pensamientos que siempre tenía presentes pero trataba de ignorar volvían a mí. Ciertamente, otra persona podría haber sido presa del miedo y haber quedado en shock o salido corriendo. Pero yo... no dudé en tratar de matarla. — No era nada nuevo. De vez en cuando mi pasado regresaba a mí. Había hecho un buen trabajo para evitarlo. Incluso te has creído la mentira de ser profesor... incluso has llegado a serlo de verdad. ¿Cierto? ¿Doctor Raziel? — Pensar en la medicina me revolvía el estómago. Pero no podía negar mi naturaleza desde hacía un tiempo. Aunque no daba tiempo para pensar nada más.

— π —


La maldita loca realmente se creía toda la historia. Se regodeaba de la situación. Una total falta de empatía, un ser capaz de nutrirse del sufrimiento sólo para saciar sus necesidades montando su propia película. Punto a mi favor: me quiere a mí. No sé con qué extraña obsesión, pero me quiere. Por lo tanto, no me mataría... ¿no? — Al parecer le molesta no seguirle el juego. Esto puede ser bueno. Sin embargo, ella realmente se cree toda la historia. Cree que todo está bien y se comporta de forma educada y buena, dentro de lo posible. Si tan sólo no estuviera loca, podría empatizar.

— Sí... gracias, aunque así no voy a poder... — Sonrío abatidamente hasta que me quitaba los grilletes para poder beber agua.—¿Aburrirme? Es imposible, sólo me pasé el rato mirando qué bonito es tu sótano. — Bebo agua y pestañeo rápidamente.

Estaba comenzando a desquiciarme. Mi barrera de sarcasmo no iba a poder aguantar mucho más. ¿O sí? Entonces el contacto físico se vuelve, por primera vez, exageradamente elevado. Sus piernas rodeando mi cadera, su cabeza sobre mi pecho, sus brazos apoyándose en mí. Sus comentarios, tanto adorables como pícaros. La escena podría ser muy bonita si no fuera por el insignificante detalle de que mató a mi chica y me secuestró.

Esto es demasiado. Mi ritmo cardíaco comienza a acelerarse. Debido a tenerla tan cercana, literalmente sobre mí y a su vocecita, y ahora comenzar a darme besos, comienzo a tener una erección. Lo peor, se habría dado cuenta debido a ir con falda y a su pose sobre mí. Maldita biología. — Tenía la mente lo suficientemente abierta para saber que eso no significaba nada y, mientras para mi yo más salvaje eso estaba bien, podía distinguir con mi yo racional que debía detener eso. Dejo los brazos abatidos y el vaso de agua sale rodando por el suelo, sin romperse por la corta caída, y sin derramar nada, pues ya me había bebido todo el agua al tener sed de verdad. Entonces comienzo a mover mis dedos, luego mis muñecas, y entonces alzo un poco los brazos. Me ha quitado las esposas... — Mis brazos están totalmente libres, y la chica se encuentra con la guardia baja, abrazada sobre mí. Puedo romperle el cuello rápidamente, y... — Por mi mente pasaban todo tipo de ideas. La tenía a mi merced. Podía matarla, y entonces Aggrock podría regresar en un instante a rescatarme, pues todavía estaba cerca. Pero... — No puedo.

Comienzo a comprender que la pobre chica está mal de la cabeza. No es consciente de sus actos. Llegar al punto de obsesionarse con alguien, de matar a su pareja y de encerrarle en su sótano... no es algo que una persona cuerda haría. Y más al ver su actuación de ahora, donde cree que todo está bien. Ha debido de sufrir en su pasado algún suceso traumático, haber recibido malas enseñanzas... y tener una versión distorsionada de la realidad. Hija de puta, ¿por qué me hace empatizar? — Hacía muchos años que yo no despertaba mi... lado sádico. No recuerdo cuántos años hace, ni quiero recordarlo. Yo antes... era así. Fui por el mal camino... y logré retomar la buena senda. Quizás ella no ha tenido la oportunidad de tomarla.

— π —


Alzo lentamente mis brazos y le rodeo en un cálido abrazo, manteniéndola en esa posición sobre mí, y la atraigo todavía más, colocando su cabeza al lado de la mía para que deje de besarme. Es incómodo, más si hay que hablar. — Ignoro su pregunta. Realmente no puedo decir qué está pasando por mi mente. Unos niveles de empatía y de querer ayudarla demasiado elevados, producto de haber revivido mi pasado, chocan fieramente con las visiones de ella matando a Lottie. Todavía me sorprende no querer estrangularla.

— Recuerdo a mi yo de niño hace... ¿quince años? Dios, qué crío era. Me lo pasaba bien en el orfanato. Nuestra mami era muy buena con nosotros. Pero eso tenía un precio... debía aguantar cuando la extorsionaban y le pedían dinero. Esos malditos abusones. Hasta que no pudo mantenerse la situación. — Paso de hablar con una sonrisa nostáliga a sentirme algo triste. — Nos dijo que fuéramos a escondernos... un pequeño grupo fuimos al baño. Al entrar, no pudimos escondernos en la bañera. Ésta estaba llena de tomates... nuestro amigo, Johan, tenía la costumbre de siempre llenar la bañera de frutas esféricas, las cuales nos sobraban. Nunca pudo ir a una piscina de bolas. ¿Triste, no? Éramos muy pobres. — Se siente cierta nostalgia en mis palabras. — Vinieron... mataron a casi todos... Yo pude sobrevivir al quedar oculto enterrado entre los tomates. No sé si alguien más sobrevivió a esa masacre. Mi último recuerdo es... observar el cristal de la bañera llenarse de sangre sin parar y yo, oculto, en silencio, sin hacer nada para no revelar mi posición, tomar un tomate y darle pequeños mordiscos. No sé por qué lo hice... no podía hacer nada más. Es... cruel que un niño pequeño observe esa escena, ¿no crees? — Lanzo un suspiro.

Observo cómo está la chica llevando mi historia. Si le aburriría, si estaría escuchando con detenimiento, preguntándose por qué.

— Los años pasaron. Mi pobre mente joven comenzó a darle demasiadas vueltas a los sucesos y a reflexionar. Acabé... mal. Acabé estudiando medicina, pero no para salvar a las personas, sino para saber qué les duele más. Acabé desarrollando una espécie de... sadismo. Me gustaba provocar dolor a la gente, verlas gritar y sufrir, ver la sangre brotar. De alguna forma me recordaba a aquel suceso de mi infancia y me traía buenos sentimientos. Pero no quería que nadie muriera. No quería repetir aquello. Así que me esforzaba al máximo por salvar vidas. Por eso estudié para ser doctor. ¿Un doctor que ama que sus pacientes sufran y griten de dolor? ¿Qué sentido tiene? — Río un poco. — Y no voy a entrar en mi trauma con los tomates porque... — Río más fuerte. — Bueno... en cierto punto quise dejar toda esa vida atrás. Me di cuenta que no estaba bien... No conté con nadie que me entendiera o apoyara, pero tuve la suerte de darme cuenta. Podría haber acabado mucho peor. Así que... aparté la medicina de mi vida y me volví Profesor Pokémon. Así pude alzar de nuevo la cabeza y dejar atrás ese oscuro pasado. Te preguntarás por qué te cuento mi vida... me gustaría saber de la tuya. Ya que... estaré aquí atado por un largo tiempo. — Río un poco más, mostrándome empático. — ¿Te apetece contarme algo? Ya que tú despertaste mi lado sádico y mis recuerdos hoy... sería justo hacer lo contrario ahora. — Asiento, decidido.

En todo momento la mantenía abrazada a mí, tratando de ser alguien cercano y comprensivo. Realmente estaba teniendo un ataque de empatía demasiado alto, pensando que ella también hubiera sufrido en su pasado pero no tuvo la suerte de darse cuenta de ello o de tener alguien que le ayudase a salir del agujero. En lo más profundo de mi ser, aunque le culpaba por haber matado a Lottie, el que hubiera despertando tanto mi lado sádico, como llevaba años sin despertar, y me hubiera hecho recordar mi pasado... me impedía realmente odiarla. Sentía mucha frustración en mi interior. Tenía ganas de golpear algo y de gritar hasta quedar exhausto. Pero no podía odiarla... no, teniendo en cuenta la posible historia que podría ser su vida.

— π —






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Una sonrisa maliciosa se apoderó de mi rostro al ver la expresión del profesor tras ser al fin liberado de los grilletes que aprisionaban sus delicadas manos. Ahora tenía liberada una parte importante de su cuerpo. Punto a su favor, pero aún seguía atado de pies a esa firme silla y tampoco podía arriesgarme a desatarlos, al menos no ahora. Por lo que debía esperar un tiempo.

Claro que puedes... mírate. Ahora calma esa sed antes de que me arrepienta — le devolví la sonrisa hablando de forma sarcástica al profesor, quien en apenas cuestión de segundos, mostraba una sonrisa de alivio para después dirigir su mirada hacia una parte del sótano. — Oh, pues te dejaré quedarte aquí el tiempo que quieras si es que tan bonito te parece, para que lo contemples aún mejor — había captado al instante su comentario irónico, por lo que respondí de la misma manera mientras me reía por dentro.

° ° ° ° ° ° ° ° °

Me encontraba aún en aquella posición, sentada de frente al profesor sobre sus piernas mientras me aferraba con cuidado a éste, apoyando mi cabeza sobre su pecho. Era demasiado bonito. Desde la posición en la que tenía mi cabeza, podía escuchar los acelerados latidos del chico, ¿serían de terror o excitación? incógnita. Hasta que indirectamente logro notar algo de dudoso grosor endurecerse bajo mi falda como respuesta a mi pregunta. — S-Sen-Senpai ~ ♡ — no pude evitar estremecerme y soltar un leve gemido al sentir aquel roce, por lo que rápidamente me llevé una mano a la boca como excusa para disimular. Aunque seguramente el profesor se habría dado cuenta de una forma u otra debido al estar tan cerca de él. — ...d-deberías de controlar a tu querido amiguito ¿no crees? — comenté fingiendo inocencia mientras respiraba profundamente.

[...]

Las horas pasaban y aún me mantenía ahí. Tan cercana a él, era casi como un sueño hecho realidad, cerré mis ojos mientras mostraba una amplia sonrisa de felicidad tras ser correspondida por el cálido abrazo del profesor, aferrándome aún más a este. Alejé por un momento mi rostro de su mejilla a petición del chico, pues al parecer necesitaba contarme algo de su pasado. — Está bien, te escucho — me incorporé para escucharle atentamente.

° ° ° ° ° ° ° ° °

Mostré una expresión de sorpresa y algo de pena tras comenzar a escuchar el inicio de su historia, que por lo visto tuvo sus pros y sus contras, como todo. — Pues ahora que lo mencionas, sí — llevé una mano a su mejilla para darle una caricia y animarle mientras le miraba a los ojos, apenada. — Cruel... y bastante traumático, sé por lo que tuviste que pasar — comenté aún mostrando interés por escuchar como seguía su historia, sin dejar de hacerme preguntas a cada rato. — Tuvo que ser muy duro, lograr salir de todo aquello por tí mismo... es de admirar. Jamás lo hubiera imaginado — mi expresión cambió a una de sorpresa, pero no dejaba de darle todo el amor y ánimo que se merece. — Bueno... ya que has compartido algo tan personal conmigo, estaría mal que yo no hiciera lo mismo — tragué saliva, pensando en cómo iba a comenzar a narrar mi historia.


Todo comienza desde la niñez, mi padre pensaba que había desarrollado algún tipo de enfermedad debido a mi extraño comportamiento, yo no era una niña normal ni me sentía como una. Carecía de emociones y sentimientos, lo cuál preocupaba bastante a mi padre. Él a menudo me llevaba al hospital para que me hicieran pruebas, análisis y demás cosas para saber con certeza el motivo de mi extraño comportamiento, pero por desgracia ningún doctor sabía qué era lo que tenía, solo decían que jamás sería una niña como las otras. Que un doctor que conoce todas y cada una de las enfermedades del ser humano desconozca eso... es patético ¿no crees? — me llevé una mano a la frente, quejándome. — Mi padre se sentía frustrado, ansiaba poder tener una hija normal como las otras, pero por desgracia no sería así. Por otro lado estaba mi madre, a ella no le afectaba tanto mi comportamiento, lo veía como algo normal, ni se preocupaba en absoluto... y claro, esto a mi padre le afectaba aún más, sólo era él el que se enfrentaba ante mi ''enfermedad incurable'' por llamarla de alguna manera. Yo no podía aconsejar o hacer nada, ya que era muy pequeña — solté un suspiro.

Alcé un poco la vista para igualmente ver si el profesor estaba mostrando interés en mi historia y por suerte era así, o al menos eso aparentaba. No veía expresión de aburrimiento en su rostro, por lo que a mi parecer, mi pasado le estaba impactando bastante. Continué.

Fueron pasando los años y como es normal, iba creciendo así como desarrollándome mentalmente, desde ese entonces fue cuando ya empecé a comprender cosas, sobre todo qué era aquello que me estaba pasando. La verdad, no me sentía enferma, ni tenía esa tal ''enfermedad incurable'' que todos pensaban... a decir verdad, lo que yo sentía era... vacío... como si tuviera en mi interior un hueco imposible de cerrar. Seguía sin poder sentir emociones y cuando empecé la secundaria, mis compañeros de clase se burlaban de mí... creían que era rara por mi comportamiento, para ellos era una enferma mental que no servía para nada y en realidad no era así. ¡Ojalá pudiera volver al pasado y vengarme de esos idiotas! — me mordí el labio con rabia.

Pues bien, no me quedaba de otra que empezar a fingir. Fingir emociones que no sentía, fingir mi actitud... ¡Fingir ser alguien que no era! y todo por ser aceptada en esa sociedad. Inmediatamente, tras ver aquello, los chicos dejaron las burlas e incluso se hicieron mis amigos... pero estaba claro de que esa no era yo. Siguieron pasaron los días y aún seguía sin poder sentir nada, necesitaba al menos saber lo que era la felicidad o el arrepentimiento y para ello, en un acto de desesperación, maté a un pobre e indefenso Glameow... vi su sangre brotar e inundar su diminuto cuerpo, hasta mis manos se ensangrentaron... y ni siquiera así logré notar algún cambio en mí, era patética... — las lágrimas empezaron a caer de mis ojos mientras hablaba con la voz entrecortada recordándolo todo. Desde luego, era desagradable.

Mi madre siempre me decía lo mismo... que no me preocupara y que algún día iba a encontrar a una persona especial que cambiara mi vida y consiguiera arreglar ese vacío interior. Me pasaba día tras día pensando en sus palabras sin conseguir otra cosa mas que comerme la cabeza, y cuando ya lo tenía todo perdido, fue entonces cuando te vi. No sé si aún lo recordarás... pero tú me ayudaste a levantarme cuando me tropecé con algo de camino al instituto. Indirectamente me arreglaste, comencé a sentir cosas que nunca antes había sentido, era como si respirara o viera los colores por primera vez. A partir de ahí, decidí que tú serías solo mío y de nadie más, creo que por eso acabé desarrollando ese instinto sádico al igual que tú... quién lo diría ¿no? JAJAJA. No podía evitar verte con ninguna otra chica que no fuera yo y es por eso por lo que anteriormente os acechaba a Charlotte y a tí, concretamente a ella, hasta que vi la oportunidad de eliminarla para así lograr hacerte mío. Lo sé, pensarás que soy un monstruo, pero es algo que no puedo evitar, me hierve la sangre con el simple hecho de verte con alguna chica y luego cometo atrocidades como esas... — bajé la mirada, tal vez  por inercia tras mencionar esto último, volviendo a suspirar.


...estoy loca, lo sé... pero aún así... ¿me amarías?



[...]

Le seguí el abrazo sin negarme. Es más, lo necesitaba tras sumergirme nuevamente en mi pasado, el cuál había logrado emocionarme. Hasta la chica más hostil y agresiva puede llegar a desplomarse cuando le tocan el corazón, ¿quién lo diría?. Estaba feliz de poder estar así junto al profesor, en todo momento se mostraba muy comprensivo aunque claro, su pasado le había jugado una mala pasada y seguramente se haya sentido reflejado en mí. Casualidad o no, ahora comenzaba a comprender muchas más cosas de él.

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