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La Senda entre la Tinieblas. - Fic +20 Gore

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La Senda entre la Tinieblas. - Fic +20 Gore

Mensaje por Job el Vie Feb 09, 2018 8:24 pm

Atención Lector o Lectora.


Este Fanfic está escrito para narrar parte del pasado de Job, hasta ahora el único PJ en el foro que ha admitido haber tomado vidas humanas en el pasado. Y como el titulo lo indica, +20, significa que debes tener o pasar de esa edad.

Si buscas leer un Fic con un inicio estable y un final feliz entonces te has equivocado al dar click en el post. Aquí está plasmada una historia de ambición, odio, traiciones, dolor, sufrimiento, humillaciones, venganza, muerte y deshonra.

Si eres una persona sensible, estas advertido márchate ahora mismo. Pues la historia inicia fuerte y mantiene su curso de crueldad en cada uno de los capítulos.

Luego no me envíes un MP diciéndome que te sientes insultado u ofendido, diciendo algo como “Esto no tiene nada que ver con pokémon o con el foro”.

Ya estas advertido.


Última edición por Job el Mar Feb 20, 2018 10:19 am, editado 1 vez
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Re: La Senda entre la Tinieblas. - Fic +20 Gore

Mensaje por Job el Vie Feb 09, 2018 8:27 pm

Prologo
 
La niña casi callo pecho a tierra cuando tropezó con una raíz. Grito y estiro ambos brazos en posición defensiva, en un intento de amortiguar su caída, pues había perdido el equilibrio pero la mano de su acompañante la sujeto para que no callera al suelo. Eran 2 niños, de Betsabé de 7 y David de 9 años.
La niña traía una camisa sin mangas corta que le llegaba apenas arriba del ombligo y unos shorts cortos también, desgarrados, tenía unos zapatos manchados de lodo, concorde a la suciedad que envolvía a la niña que huía por esa jungla.


Su acompañante llevaba solo un short, y unos zapatos, al igual que su compañera tenia manchas de lodo en todo su cuerpo, y la cara. Con diferencia de un cardenal que recordaba a un puñetazo en la mejilla izquierda, pues lo tenía hinchado y amoratado; en consecuencia tenía un ojo casi cerrado y muy mal aspecto.
-Ahí deprisa. –dijo el niño mientras se ocultaban a la sombra de un gran árbol y a sus raíces unas matas de helechos de gran tamaño les ocultarían si se agachaban. Ella asintió y ambos se acercaron a los helechos húmedos, y un momento después intercambiaron una mirada sorprendidos, entre las raíces del árbol y tapada por los helechos había una cueva por la que podían entrar gateando. David entro en la cueva y salió con una sonrisa en el rostro un momento después.


-Es espaciosa, cavemos los 2 y… -Se interrumpió cuando miro a la lejanía, su expresión era de sorpresa, tomo de una mano a Betsabé y la jalo hacia a él. Por suerte la niña también lo había visto y ambos entraron en la cueva. Se quedaron en silencio, oyendo los pasos entre la jungla.
 
Los pasos se acercaron, pero unos instantes después pasaron de largo. Los dos niños no se movieron por un buen rato hasta que el silencio reino en la jungla. Betsabé fue la primera que salió entre los helechos, y David la siguió. Antes de que dijeran algo una hoguera se encendió repentinamente a lo lejos. David que era cobarde se agacho y volvió a entrar a la hoguera.
-Entra o te van a ver –dijo el niño pero Betsabé no le obedeció. Desde esa distancia veían a una silueta baja que estaba ocupada con algo. Los ojos de la niña estaban fijos en una espada clavada en un tronco. Y unos momentos después llego hacia ellos un suave olor a carne asándose a fuego. –Betsabé –dijo David pero la niña no le escucho. Tenían 2 días huyendo y no habían comido nada hasta entonces. Apenas y habían dormido un poco y descansado menos que eso. Huían y sabían bien que si eran atrapados, no tendrían salvación.


El olor a carne sazonada con especias y miel era demasiado tentador y antes de que David hiciera algo el hambre pudo más con Betsabé y corrió hacia la hoguera. Tropezó. Y un par de brazos la atraparon en el aire.
La pequeña alzada en brazos pego un grito de terror al ver el rostro quemado de Job Lázarus Cordeus al reconocer sus facciones a la luz del fuego.
-¡Quemado! –grito ella un momento después y se soltó de él, cayó al piso y se apartó de un salto.
-Me llamo Job. -respondió en tono irritado.
Job de 13 años en ese momento la miraba con indiferencia. Alto de músculos magros, llevaba un pantalón de compresión y botas negras, dejando su pecho desnudo. Por lo que eran visibles las cicatrices del fuego en su brazo, derecho, su pecho y su rostro. Dado su cabello largo a la altura de los hombros no se notaba que le faltaban las dos orejas, pero sus ojos verdes eran lo más aterradores. La miraban como un depredador que ha capturado a una presa indefensa antes de devorarla.


-¿Qué haces aquí? –dijo en un susurro. Sus ojos relampaguearon como flamas verdes y antes de que Betsabé respondiera, la voz de David vino a sus espaldas.
-¡Quemado! –exclamo sorprendido. Pero Job no reacciono a este mote que le habían puesto los otros aprendices. Betsabé le tenía miedo a Job, pero el no dio muestras de hostilidad hacia ellos, pese a que los miraba con evidente cautela y sospecha.
 
-¿Qué hacen los dos aquí? –Pregunto de nuevo con un tono tranquilo pero no amable. No les invito a sentarse, no les ofreció agua y mucho menos no les convido de su comida, una presa galliforme que despedía un suave y tentador olor al cocinarse a fuego bajo. Betsabé vio plumas color marrón en el suelo, tal vez de un Pidgey o un Hoothoot. Ninguno de los dos niños, noto que la espada de Job estaba al alcance de su mano.
-¿Qué haces tú aquí? –respondió David.


-Me falta experiencia en supervivencia. Ahora responde.
-Huíamos –se le adelanto Betsabé. –No queremos ser asesinos, no queremos hacerle daño a nadie. Esa bruja de Augusta me engaño cuando me saco del orfanato. –grito –Dijo que me llevaría a un lugar maravilloso, que tendría hermanos y hermanas y que podría viajar y conocer gente interesante. Jamás me dijo que sería traída a esta isla y menos que sería entrenada para matar a otras personas.
-Betsabé, basta. –La callo David tapándole la boca con la mano y apartándola de Job, quien los miraba en silencio. Su rostro no tenía expresión, pero sus ojos estaban carentes de vida. Carentes de emociones o sentimientos hacia los demás, era como ver dos fosos sin fondo. Job dio 3 pasos hacia adelante. Algo rápido paso ante ella, algo que emitió un silbido en el aire, Betsabé se estremeció, y sintió algo tibio golpear en su mejilla.

Alzo la mano sin escuchar el ruido de un cuerpo caer al piso y vio que estaba salpicada de sangre. Miro a su lado para ver el cuerpo decapitado de David en sus últimos estertores de vida y devolvió la mirada a esos ojos verdes. Impíos.

-Job… por favor…
-Los traidores deben morir… -alzo su espada. Y la decapito.
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Re: La Senda entre la Tinieblas. - Fic +20 Gore

Mensaje por Job el Vie Feb 09, 2018 8:29 pm

Capítulo 1
Las Estrellas en el Espejo
La Blasfemia en la Cruz
 
Una gran nave surcaba los cielos, sobre las nubes de tormenta de las islas naranjas. Dos siluetas se perfilaron en una ventana. La primera era un hombre bajo pero musculoso, de cabellera castaña con corte militar, mandíbula cuadrada y penetrantes ojos negros, usaba una camisa gris de compresión y sobre esta un chaleco sin mangas negro. Pantalón gris oscuro y botas negras. Dos dagas que llamaban Kriss colgaban de su cinturón.
-¿Qué ocurrió con los prosélitos? –pregunto.
 
-Los mate. –respondió una voz femenina en un tono suave y amable. A su lado había una mujer alta, de larga cabellera blanca plateada que le llegaba a la altura de las rodillas, de ojos gris azulado y un cuerpo voluptuoso. Desnuda bajo un kimono blanco y sencillo que traía abierto desde la cintura al cuello mostrando su vientre y cubriendo en parte sus grandes pechos. La parte baja del kimono dejaba lucir sus torneadas piernas. Usaba sandalias finas. De sus caderas colgaba un fino lazo rojo y una Shirasaki colgaba de esta.
 
Antes de que el hombre dijera algo, oyeron un grito amortiguado a través del cristal. Ambos vieron en una habitación a 4 personas, todas en batas quirúrgicas mientras notaban una cama y lo que aprecia ser un brazo que tal vez por reacción al dolor se elevó un momento para después descender. Una de las enfermeras ato el brazo a la camilla con un cinturón.
-No entiendo tus motivos, Augusta. –dijo el hombre mientras su mano se cerraba en torno a la empuñadura de uno de sus Kriss. –Debiste dejarlo morir. Si gustas yo…
-No Callum. –respondió la mujer llamada Augusta. –Él es el nuevo ángel…
 
-¿Qué? –Señalo a la mesa de operaciones, escucharon otro grito y una voz elevada que sonó a “Mas anestesia” –El nuevo ángel ¿Él?
La mujer asintió en silencio. El fornido obviamente tenía sus dudas pero se mantuvo callado mientras veían por la ventana.
Cada uno se fue por su lado después de unos minutos. La mujer entro a su camarote, cómodamente amueblado y solo un par de horas después, fue que bajo la copa con vino que estaba bebiendo cuando entro un hombre bajo gordo con gafas de montadura redonda. Tenía su túnica quirúrgica salpicada de sangre. Se quitó la mascarilla y el gorro, dejando ver una cabeza calva, con la excepción de una barba corta, vetada de canas.
-Vivirá. –Dijo con un suspiro –Estaba preocupado de que las quemaduras se hubieran infectado. Son demasiado graves…
 
-¿Esta dormido?
-Sí, y yo casi sordo. –Respondió el doctor con una sonrisa sin alegría tallándose en una de sus orejas –No dejo de gritar ni aun con la anestesia. Ese chico tiene buenos pulmones.
-Bien hecho, Octavio. No esperaba menos de ti.
Antes de que el doctor dijera algo, el fornido Callum entro a la habitación, paso al lado del doctor Octavio sin mirarlo, y este a su vez frunció los labios y aparto la mirada. Se odiaban. Pero no dijeron nada el uno al otro. No delante de ella.
-¿Sí, Callum?
-Titus está llamando. La pondré en la pantalla principal… -murmuro mientras alzaba su puño y una computadora era visible adaptada en un guantelete que aparentemente se acababa de poner.
Un lienzo en la pared se puso negro y unos momentos después el rostro flacucho de nariz aguileña se mostró en la pantalla. Pues esto es lo que era.
-Augusta, que bueno que les he podido sintonizar. –dijo el hombre llamado Titus mientras
 
-¿Paso algo?
-Si –respondió el hombre con una mirada alarmada –El Espejo de Dite comenzó a resonar y a brillar. Repetía de nuevo esa profecía de hace 13 años.
Las 3 personas en el camarote intercambiaron una mirada en silencio.
-Significa que la profecía se ha cumplido. –dijo la mujer mientras se levantaba. –El espejo, solo repite la profecía cuando eso pasa; Titus, por favor repítela.
-Claro –respondió el hombre mientras buscaba con la mirada tal vez algo anotado, pues comenzó a leer.
 
Un peregrino cansado.
Un hombre convertido en un dios.
La madre surca las olas, espuma y sal.
El hijo ve la verdad a simple vista.

El cáliz se alza ante la voluntad de un niño.
Judas dará traición, la cruz será levantada con odio.
El fuego consumirá un corazón puro.
Renacerá quien porta los estigmas ante una noche en el día.
 
Augusta entorno los ojos mientras se quitaba un medallón plateado de su kimono. Este se abrió y dejo ver una memoria USB la cual Augusta incrusto en una computadora en la mesa de al lado. Oprimió un par de botones y otro lienzo en la pared de supo en negro también y mostro una ciudad en ruinas.
-Observen bien esto… -murmuro mientras daba click en el botón de reproducir. –Tenía a mis drones espías para buscar a mi objetivo cuando vi esto. –Explico, sin embargo tuvo que adelantar el video un buen tramo, antes de que la cámara enfocara a una niña llorando en la plaza abrazando un plato roto mientras alguien más llego corriendo hacia ella. Un niño de 12 a 13 años, de cabello castaño.
La mujer subió el audio para que se escuchara mejor.
 
*     *     *

 
-No llores. Amara…
-NO. Dios nos ha abandonado. ¡¡¡Dios nos ha abandonado!!!
Job, miro a su amiga con una mirada llena de angustia y tristeza, no parecía notar que él también estaba llorando. El terremoto había sido escala 8.7 y la mayor parte de los edificios del pueblo habían colapsado.
Pero, el maremoto fue lo peor, pues remato a los que aun podían haberse salvado de los escombros. El pueblo estaba literalmente destruido. Alzo la vista a la iglesia del Radiante, estaba en ruinas. Una viga en forma de cruz era lo único que podía decirse se mantenía en “pie”. Miro sin ver una mano humana bajo una pila de escombros y entre ellos distinguió el cáliz de plata que usaban en las ceremonias sabatinas.
 
-Amara no blasfemes. –dijo otro niño acercándose hacia ellos, con una expresión desesperada, iracunda y triste a la vez. Otras personas comenzaron a acercarse  la plaza.
La mayoría con heridas, golpes y toscos vendajes hechos con lo que tuvieran a mano, desde una cortina, a la propia camiseta.
-Está bien creer en dios.
-Blasfema –dijo un hombre obeso –Dios se enfurecerá con nosotros… por tu culpa…
-No…
-… Radiante…
-Dios…
-Blasfema, quémenla…
 
-¡¡BASTA!! –se hizo el silencio cuando Job se puso de pie gritando a voz cuello. –El Radiante no escuchara sus palabras… -hablo entrecortadamente mientras respiraba con fuerza. –Él no era un…
-¿Qué sabes tú? –grito el obeso –Tu y yu madre son extranjeros. Llegaron poco antes de este terremoto.
-El Radiante era un hombre común y corriente. –Grito Job para hacerse oir ante las palabras del hombre, y con esto dicho, todos se quedaron en silencio. –El mismo códice lo dice, era un viajero de tierras lejanas que llego cansado aquí y confundieron sus poderes con los de un dios.
-¡Era el enviado de Dios! –grito alguien.
 
Job suspiro. Estiro el brazo y señalo con el índice el cáliz de plata que tenia de frente. Movió suavemente los dedos y ante todos, el recipiente de plata se elevó en el aire, tres metros sobre la multitud. Hasta que Job bajo la mano y la copa simplemente cayó al suelo. Todo estaba en silencio.
-El Radiante tenía un poder que en esos tiempos era desconocido, se llamaba Telequinesis y tenía cierto poder de curación, pero… -No termino sus palabras. Su cabello se tiño de sangre y cayó al suelo.
Tras él. Su amigo Judas estaba de pie, sosteniendo un leño en manos. Le había atacado. Job había cometido un grave error. Destruir la fe.
 
Job no sintió que le levantaban, que le arrancaran la camisa y el calzado. No despertó hasta que un dolor intensivo le atravesó los pies, y recorrió todo lo largo de sus piernas con un horrible grito. Sus ojos verdes miraron un clavo de hierro que atravesaba ambos pies y como el obeso levantaba en la mano un martillo, mientras Judas sostenía un clavo sobre la palma de su mano.
Con un golpe sordo, el clavo atravesó la carne de Job, y se incrusto en la madera de la viga en forma de cruz. La sangre empapaba sus dedos. Con otro golpe del martillo Job estuvo a punto de morir de dolor, mientras trataba desesperadamente de soltarse, pero no podía, lo tenían bien sujeto y solo grito con el tercer clavo, atravesando su otra mano.
-Blasfemo…
-Todo es tu culpa…
-Hereje…
-Mátenlo… ¡¡¡MÁTENLO!!!
 
Crucificado.
Una botella de coñac se rompió sobre su rostro. Un momento después un olor a gasolina llego a la nariz de Job. Mirando con ira y con odio a las personas que momentos atrás había querido ayudar. Vio como Judas con una antorcha en mano encendía el combustible.
Grito cuando el fuego le alcanzo. Más de odio que de dolor, mientras su carne se llenaba de ampollas y la sangre burbujeaba por el calor. Tomo aire mientras las flamas quemaban su rostro abrió la boca, saboreando por un instante el humo y simplemente grito.
-¡¡¡DIOS NO EXISTE!!!
 
*     *     *

 
La pantalla se tiño de rojo un momento después. Callum y Titus no hicieron ningún comentario, solo Octavio miro a Augusta y después a la pantalla.
-Mate a todos los que estaban en la plaza. Empezando con el eunuco.
-Augusta, ¿Por eso le salvaste?
La mujer guardo silencio un momento. Y volvió a hablar.
-Un peregrino cansado.  Un hombre convertido en un dios. –Recito –Según teníamos entendido, en esa aldea adoraban a un dios al que llamaban el Radiante. Y como han podido escuchar, era un hombre con ciertos poderes psíquicos, que fue venerado como a un dios.
 
Los dos hombres ante ella la miraron, Callun cruzo los brazos sobre su musculoso pecho; Titus desde el monitor entrecerró los ojos pensando en algo.
-La madre surca las olas, espuma y sal. El hijo ve la verdad a simple vista. –Ese niño y su madre eran extranjeros. -El cáliz se alza ante la voluntad de un niño.
Judas dará traición, la cruz será levantada con odio.

Antes de que Augusta hablara Octavio se le adelanto.
-Se refiere a esto último que vimos. Entiendo.
-El fuego consumirá un corazón puro.  Renacerá quien porta los estigmas ante un pecado. –esta vez fue Callum quien recito las ultimas frases de la profecía. –Hay algo que no entiendo, Augusta. ¿Qué significa “Noche en el día”?
Con la pregunta, la mujer sonrió.
-¿Acaso olvidas que mi nombre clave, es el Ángel del Eclipse?
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Re: La Senda entre la Tinieblas. - Fic +20 Gore

Mensaje por Job el Miér Feb 14, 2018 10:38 am

Capítulo 2
Palabras de Sinceridad

-… No me vendría mal algo de musculo…
-Abrió los ojos lentamente. Job no distinguió ni siluetas ni colores, pues por unos momentos vio todo difuminado y borroso, como si viera a través de un cristal empañado por niebla espesa. Parpadeo. Vio, enfocada; una silueta de pie a unos pasos. Parpadeo de nuevo y ahora creyó distinguir a un muchacho unos años mayor a él.
Cerró los ojos y cuando los volvió a abrir, vio que el joven tenía en mano una jeringa. El joven lo miraba.
Era alto de cuerpo atlético, bien proporcionado como de alguien que empieza a adquirir musculatura. De piel marrón y cabello negro cortó a modo militar aunque parecía que combinaba a la vez rastas. Sus ojos marrones eran visibles en un rostro en forma de corazón, con pómulos altos, labios finos y una barba de perilla corta que le daba a su aspecto un inusual aire exótico y atractivo a la vez.
-¡Despertaste! –Exclamo –Oye no te… -Job no escucho el resto de su frase. Sus ojos se cerraron y ya no vio ni oyó nada más.
 
-Ya no tiene fiebre.
-¿Pero porque sigue dormido? Despertó hace 5 días pero se volvió a dormir antes de que dijera algo.
-La fatiga o la conmoción. –Respondió una voz femenina -¿Ya olvidaste cuando practicábamos cercas de ese remolino en el mar?
-No me lo recuerdes…
Job abrió los ojos, de nuevo veía borroso aunque ahora si distinguía colores, se sentía muy cansado y sin energías para mover su cuerpo. Movió sus pies lentamente. Y luego sus manos. Pero se detuvo cuando sintió un palpitar en su cabeza y un dolor de esta que provoco unas lágrimas emergieran en sus ojos.
Un momento después, sintió una mano masculina alzarle un poco la barbilla y sintió que sus labios se humedecían un poco.
 
-Bebé. Te ayudara a despejar la cabeza. –dijo una voz. Job distinguió por un momento a un hombre gordo, casi calvo con gafas redondas. Obedeció y sintió un líquido sabor a menta bajar por su garganta. Una vez termino de beber. El hombre saco una linterna que parecía un bolígrafo y la encendió a pocos centímetros de su ojo derecho y después el izquierdo.
Job gruño y se apartó un poco. Por un momento encandilado pero al parpadear un par de veces noto que podía ver mejor.
-¿Te duele algo, muchacho?
-Me duele la cabeza –respondió Job con un gruñido. Su voz sonaba seca y ronca por no haberla usado en mucho tiempo. Cuando alzo la mirada vio al chico que había visto antes y a una hermosa mujer de cabello plateado sentados frente a él. Observándolo. –¿Dónde estoy? –murmuro confundido. El chico le sonrió como para calmarlo.
 
-¿Cuál es tu diagnóstico, Octavio?
-Necesitara reposar unos días más. Pero se recuperara. –respondió el hombre que giro para ver a Job. –Te traeré algo para el dolor de cabeza, y algo de comer. Descansa un poco muchacho; porque esta noche aplicaremos un par de ejercicios para tus movimientos.
Job no dijo nada, se froto la frente y escucho la puerta cerrarse suavemente. Noto que usaba una bata y que estaba desnudo bajo esta. Cuando levanto la vista, palpo en su rostro después de haber visto las cicatrices de quemaduras en su brazo.
Sus ojos reflejaron su sorpresa cuando un par de prótesis metálicas estaban donde anteriormente estaban sus oídos. Miro a la mujer y esta le sostuvo la mirada.
 
-Respondiendo a tu pregunta, estas en un hospital privado que pertenece a mi… compañía. Mi nombre es Augusta Aquila Exodius. Y él es mi aprendiz: Onome.
-Hola chaval –respondió el joven con una sonrisa amigable que Job no noto.
-¿Hospital? –pregunto mirando alrededor mientras se incorporaba, pero al hacerlo sintió un repentino mareo, Onome le ayudo a volver a acostarse en la cama de gel. -¿Cómo llegue aquí? ¿Qué paso? ¿Dónde está mi madre? … -se quedó en silencio cuando la mujer levanto la mano para interrumpir sus preguntas.
-Yo te salve, de esa muchedumbre fanática. –Respondió la mujer –Te crucificaron e iban a quemarte vivo.
Job contuvo el aliento con un sobresalto. Repentinamente llegaron a su cabeza imágenes de como cruelmente habían clavado sus manos y sus pies a esa viga en forma de cruz. Como le arrojaban de todo tipo de cosas, y recordó el rostro de odio de Judas, a quien horas atrás, antes del terremoto y el maremoto en la isla, había afirmado era su mejor amigo.
Gruño de ira, cuando recordó la botella con ese licor y como las flamas subían por su cuerpo. Recordaba el calor, el humo y como su piel ardía, recordaba las ampollas, el fuego llegando a su rostro y como se sentía falto de aire.
Sofocado.
Judas no era su amigo. Judas era un traidor.
 
Se estremeció. Se sentía lleno; inundado de un odio hacia esas gentes. Una furia que era incomparable al ardor del fuego al que había sido sometido, pues su odio tenía más potencia. Miro las palmas de sus manos y vio las cicatrices. Sus estigmas.
-Has estado aquí por 7 meses y 16 días. –Volvió a hablar la hermosa mujer en un tono amable –Te alimentamos de forma intravenosa y aplicamos dos veces al mes un esteroide anabólico para ayudarte con tu físico.
-¿Esteroides? –Esa palabra le sonaba nueva a Job.
-Es una droga que provoca que los músculos crezcan y se desarrollen rápidamente –respondió Onome con una sonrisa de complicidad. Job noto que el chico con rastas tenía puesta una camisa de compresión negra y se le marcaban sobre esta unos prominentes bíceps, pectorales y abdominales. Algo de lo que parecía estar muy orgulloso.
-¿Tienes un espejo? –pregunto notando las cicatrices en su rostro con sus dedos. Alzo la vista para ver que Augusta y Onome intercambiaban una mirada. Ella asintió, como indicándole que buscara uno, el chico respondió a esto con una inclinación de cabeza y salió de la habitación en silencio.
 
-Job…
-¿Cómo sabes mi nombre? –interrumpió sin querer. Pues no se había presentado. Augusta le miro duramente por un instante, jamás le había gustado que la interrumpieran cuando hablaba, pero respondió con cierto tono frío.
-Por tus huellas dactilares. –respondió, suspiro y de nuevo en tono calmado volvió a hablar. –Antes de que esa gente te atacara. Yo misma vi (y grave) como hiciste levitar una copa de plata para demostrar algo. Como estaba lejos no escuche lo que decías, pero vi que explicabas algo a alguien antes de que ese niño te atacara por la espalda.
-Telequinesis.
-Sí. Telequinesis –respondió Augusta sentándose en la cama, en sus ojos hubo un destello de ambición. Y cuando volvió a hablar su tono era dulce, como la caricia de una amorosa amante. -¿Puedes hacer eso de nuevo?
 
Job se tomó un momento para responder.
-No sé. Tal vez.
-Inténtalo –no era una petición. Era una orden.
El niño alzo la mano, sintió un calambre entre sus dedos cuando los flexiono y señalo el vaso en donde había bebido esa medicina. Paso un largo minuto sin que nada ocurriera.
-No puedo hacerlo… -murmuro con desgana, pero también sorprendido. Frunció el ceño y esta vez uso ambas manos pero después de un largo momento en silencio no pasó nada. La mujer suspiro, Job no percibió la expresión desilusionada que cruzo por su rostro en un instante. Ella le acaricio el cabello.
-Te hicimos una resonancia magnética, el golpe que ese niño te dio en la cabeza te provoco una fisura craneal, y parece el golpe afecto tus… poderes telequineticos.
 
-Bueno, no importa. –murmuro Job bajando las manos. Noto que la mujer le miraba de un modo raro. Con curiosidad, pero también incredulidad, ira y después su expresión se mostró serena. Antes de que dijera algo, se abrió la puerta y Onome entro con un espejo en mano.
-Ten –dijo mientras le ofrecía un pequeño espejo rectangular, su expresión era de cautela. Job lo tomo y miro su reflejo.
Quizás Augusta y Onome esperaban una reacción violenta, o triste o ambas a la vez. Pero Job solo bajo el espejo y se quedó en silencio. Ambos intercambiaron una mirada.
-¿No vas a decir nada?
 
-¿Por qué estabas en la isla? –Pregunto Job mirando a la mujer. Esta por un instante pareció perpleja. Lo miro un largo momento y después se sentó de nuevo en la cama. –Soy una asesina a sueldo. Una Sicaria. –Respondió –Me pagan para matar personas. Y Onome como ya dije, es mi aprendiz, él ya ha completado una misión exitosa hace poco. Mi objetivo era un eunuco, el hombre obeso que te clavo en esa cruz.
-Noé
-Sí. Cuando vi que tenías potencial, pensé que podrías ser un talentoso sicario con el entrenamiento adecuado. Por eso me di prisa en tu rescate y tus quemaduras aunque son graves pudieron tratarse, usando los últimos recursos médicos, para tu recuperación. –Narro –La cual fue exitosa, te quitaron los vendajes hace 3 meses.
-¿Qué paso con las otras personas que estaban ahí, las que me querían ver arder?
-Los asesine. No podía dejar testigos. Solo tú eres el único superviviente.
-Muchas gracias.
 
Augusta si como Onome miraron al chico en la cama, sus ojos brillaban como las estrellas, no había empatía o vergüenza por sus palabras, estaban vacíos como si ya no le importara la vida de otras personas.
-… Yo, puedo hacerme cargo de documentación sobre tu identidad, Job. Puedo en un par de meses preparar para ti una casa cómoda en al campo, en alguna playa o la ciudad, en donde puedas tener un trabajo estable y anualmente depositarte en una cuenta bancaria cierta cantidad de dinero. Podrías vivir cómodo y feliz con mi ayuda. –dijo Augusta en un tono animoso y alegre. Onome la miro sorprendido por tal oferta, en cambio Job la miro con curiosidad.
-¿Por qué me ofreces esto? –Pregunto con sinceridad. La mujer le mantuvo la mirada unos momentos.
 
-Muchas veces traemos niños de orfanatos para ser entrenados como asesinos. Hay diversos tipos de niños, y los más problemáticos pero que tiene potencial, por lo general intentan escapar. Los traidores y desertores no tienen una segunda oportunidad, así que son ejecutados. Esta es una ley inquebrantable: Los traidores deben morir.
»Pero, a veces antes de que intenten huir o desertar… les sometemos a mi pokémon, mi Gastly. Este les hipnotiza constantemente en un solo día. Les lava el cerebro y hace que los niños olviden quienes son para volverlos dóciles sin que pierdan sus capacidades atléticas.
Eric, uno de los pupilos de Lucrecia el Ángel de la Niebla, fue sometido a esta práctica, y ahora está convencido de que Lucrecia es su hermana mayor. Pese a que no son nada, ni poseen lazos consanguíneos realmente.
 
Con su explicación hubo un largo momento de silencio.
-¿Por qué me ofreces esto? –Repitió mirando a la mujer a los ojos. –No tengo familia ni amigos, y vivir en soledad aunque tenga dinero y un buen trabajo haría que mi vida fuer más vacía de lo que ya es. –dijo con voz firme. Olvidando que era solo un muchacho de 13 años. Pero sus ojos eran convincentes para Augusta el Ángel del Eclipse. –Enséñame… Permíteme ser tu pupilo. A ser un asesino.
Onome soltó una exclamación ahogada. Augusta era la líder de los Sicarios Umbríos los Grigoris. Hasta ahora Augusta solo tenía a un aprendiz y ese era él. L petición del niño, aunque inocente, también era descarada e insolente a la vez.
La mujer se puso de pie, sintiéndose insultada, había frialdad en su mirada y su expresión era de acero. Por unos instantes, dio la impresión de que la voluptuosa mujer había incrementado su tamaño, que las paredes se encogían y se veía terrible y hermosa a la vez. Onome estaba pálido, estaba seguro de que si Augusta hubiera tenido su arma en mano, seguramente habría matado a Job.
-Niño tonto. ¿Sabes acaso lo que estas pidiendo? Yo soy la líder de los Grigoris. El Ángel del Eclipse. Augusta Aquila Exodius. ¿Por qué debería de tomarte como pupilo?
-Porque, veo en tus ojos. Que quieres algo de mí. –Respondió Job con calma. –Pero no tengo nada que darte. –Guardo silencio, pero mantuvo la mirada en ella -¿No quieres que yo, te pertenezca?
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Re: La Senda entre la Tinieblas. - Fic +20 Gore

Mensaje por Job el Miér Feb 14, 2018 10:39 am

Capítulo 3
El País de la Gentuza
Rivalidad instantánea
 
Job tardo un mes en estar recuperado, no de sus quemaduras, si no de la movilidad de sus miembros. Octavio le aplico diversos ejercicios para la movilidad de sus músculos y tomo dos veces más esteroides, que le permitieron mantener un cuerpo firme y musculoso en lo que cabe a un pre-adolescente de 13 años. 
En el hospital había un pequeño gimnasio en donde practico diversas posturas de yoga que le dieron una notable flexibilidad y capacidades acrobáticas, cercas al contorsionismo. Algo que Augusta decía necesitaría. La agilidad era obligatoria para un asesino.

-Eso no es normal. –Dijo Onome apenas entro al gimnasio.
Job no le respondió, sentía el ardor en sus hombros y un dolor palpitante en su espalda superior, cobra y espalda baja mientras sus manos temblaban.
Había en el gimnasio una cuerda floja que era usada principalmente para entrenar el equilibrio al caminar, Job disfrutaba de este entrenamiento; trasladarse sobre un fino cable le ayudo precisamente para mantener el equilibrio, a orientarse, a soportar su peso en poco espacio y perder miedo en las alturas, pese a que estaba realmente a un metro del suelo.
 
Sin embargo esta vez, el entrenamiento era distinto. Pues en lugar de mantenerse parado sobre sus pies en la cuerda floja, Job estaba parado de manos, avanzando con notable escuerzo mientras una película de sudor cubría casi todo su cuerpo. Pues su única vestimenta era un pantalón de compresión negro.
Sus dedos se cerraban –lo que podían- en torno al cable y Onome no pudo más que alabar en silencio a su “condiscípulo” cuando se soltó y con la mano contraria sostuvo su peso para avanzar lo que equivaldría un paso.
-Nunca he visto a alguien cruzar una cuerda floja parado de manos. –dijo Onome apenas Job cruzo y de un salto acrobático que un gimnasta hubiera envidiado. El chico le dirigió una mirada de compañerismo pese a que sus ojos seguían vacíos y carentes de emoción.
-Deberías intentarlo. Aunque la espalda te duele como un carajo.
-Te creo sin siquiera tratar. –respondió el musculoso joven mientras hacia una mueca irónica. –Vamos, se supone la maestra me dijo que te llevara a la academia.
-Claro, pero primero deja que me dé un buen baño.
-Sí, anda ve a quitarte el olor a cabra.
 
*     *     *

 
-No es oficial, pero déjame darte la bienvenida… al país de la gentuza. –dijo Onome mientras ambos jóvenes dejaban el edificio detrás. Job miro a su condiscípulo sin saber si hablaba en serio o bromeaba, pues mantenía la vista fija mientras rodeaban diversos edificios; parecía buscar a alguien con la mirada.
-¿Así se llama esta ciudad?
-Ciudad es exagerado, es más bien un pueblucho; pero no… bueno en realidad no sé cómo se llama esta isla. Es una isla de gran tamaño con islas menores a su alrededor, rodeada de remolinos y fuertes corrientes de agua, es muy difícil llegar a la costa sin hundirse o encallar con los peligrosos arrecifes.
»No sé en qué región este, pues solo los asesinos, los Ángeles lo saben, pero es un secreto. Nuestra maestra “compro” la isla y estableció los cuarteles aquí, y después hizo construir 3 pueblos costeros donde llegan al mes, parias, trotamundos, refugiados, desertores, prófugos y gente de toda calaña.
»En cierta manera, puede decirse que la maestra fundo su propio país. Y en broma o tal vez en serio muchos le llaman «El País de la Gentuza». En cierto modo también, Augusta es una “Señora del Crimen”.
 
Job guardo silencio escuchando a Onome.
Este se detuvo de pronto cuando se acercó a ellos un hombre joven, aparentemente de la edad de Onome e igual de musculoso a él, aunque era notablemente más bajo, de cabello y ojos negros, piel clara bronceada. De rostro ovalado, con facciones bien modeladas, sus cejas eran espesas, nariz gruesa y labios ligeramente carnosos. No podía negarse que era atractivo. De la clase de hombre del que muchas chicas con solo un vistazo se enamorarían de él.
Antes de decir algo los dos jóvenes estrecharon su mano en un saludo y un momento después los labios de ambos chicos se unieron mientras se daban un beso con demasiada pasión, pues Job alcanzo a ver como Onome le levantaba un poco la camisa al desconocido pero este se apartó cuando se percató de la presencia de Job.

El chico diviso el rubor del hercúleo desconocido.
 
-Hola –saludo con cierta timidez. –Lo siento, no sabía que tenías compañía, Onome.
-Job, él es Christian. Mi novio. –dijo Onome con una sonrisa despreocupada.
-Gusto en conocerte –respondió Job, no le importaba lo que había pasado pero al otro chico parecía que sí. –Mi nombre es Job. –agrego dándose cuenta de que se había retrasado un poco en presentarse. Pero si se dio cuenta de que Christian miraba las cicatrices de su cara y su notable carencia de orejas.
-¿Eres el nuevo discípulo del Ángel del Eclipse? –Pregunto con una incredulidad que resultaba un tanto ofensiva.
-Así es. –Respondió Job en tono amable pese a que se sintió verdaderamente algo irritado, pero no lo expreso notando la torneada musculatura del chico pelinegro. No pudo evitar preguntarse si Christian era también un usuario de esteroides. -¿Cómo lo sabes?
 
-Todos en la academia pegaron un grito en el cielo cuando se enteraron que la Maestra Augusta tendría a un segundo discípulo. –Explico Christian mirando con ojo crítico a Job, por un momento, pareció hacerse una idea, pues su expresión era pensativa pero no dijo lo que pareció deducir, y Job no se lo pregunto.
-¿Eso es un problema?
-… No sabría decirte. La Maestra es el más poderoso de todos los Grigoris. –Respondió Onome. Los tres comenzaron a avanzar, Job ni siquiera noto que Onome y Christian iban tomados de la mano. –Tal vez apenas entres a la academia ya tengas a algunos rivales. Job. Me paso a mí en un principio.
-¿Rivales? –Dijo el muchacho con una sonrisa amarga –Querrás decir: enemigos.
-La envidia nunca es buena. Y el miedo tampoco. –Agrego Christian con un tono preocupado –Ten por seguro algunos tal vez te tengan miedo por la cercanía con la Maestra.
-El miedo es bueno. –Respondió Job –Impone al respeto y a la sumisión.
Los dos chicos mayores intercambiaron una mirada.
 
Llegaron ante un gran edificio, y unos momentos después Job entro tras Onome y Christian a una combinación de aula y anfiteatro. Había pocas personas de diversas edades. Casi al instante se hizo el silencio y unos murmullos iniciaron un momento después mientras se sentaba en una banca vacía. Job se adelantó a sus compañeros y subió por un pasillo para sentarse en la última banca frente al escritorio del profesor.
-¡¡Oye tú, Quemado!! –dijo una voz gruesa y antes de que Job pudiera recargarse al asiento, 4 chicos se acercaron. El chico más bajo le miro con evidente enemistad y desprecio.
Bajo delgado de cabello aurerrojizo rizado y corto a la altura de los hombros y ojos verde acuoso. Tenía facciones de halcón en su rostro. A sus lados los otros tres chicos eran altos de hombros anchos y aspecto corpulento y gordo a la vez, daba la impresión de que querían presumir musculatura que no tenían ni llegaban a los talones a Onome o Christian.
Job le mantuvo la mirada al chico que era evidentemente el jefe de su grupo. Hasta que volvió a hablar.
-¿Quién mierda te crees que eres? –Pregunto con un tono frío.
 
Job percibió rencor, así mismo envidia en las palabras del chico ante él. Se tomó un momento para mirarlo a la cara y después a su alrededor, otras personas habían llego al aula y todas las miradas estaban puestas en Job y el grupo que estaba ante él. Suspiro antes de contestar.
-Soy Job, el nuevo discípulo de Augusta Aquila Exodius. Maestra de los Asesinos Umbríos y líder de los Grigoris, quien ostenta el título del Ángel del Eclipse. –respondió lentamente y en tono firme para que todos en el aula lo escucharan; diviso como Onome y Christian intercambiaban una sonrisa de complicidad, tal vez pensando que Job se había ganado un tanto.
El chico arerrojizo se puso pálido como el mármol, lo que hizo resaltar un poco el inusual color de su cabello y sus ojos. Job alguna vez había oído a alguien decir que había personas que al enfurecerse se les subía la sangre a la cabeza y se ponían color granate. Pero que algunas personas en lugar de enrojecer se ponían tan blancos que parecían cadáveres. El chico supuso que el tipo ante él era de estas personas.
-¿Te crees muy listo, hijo de perra? –Casi grito –Soy Julio, hijo de un importante magnate enviado aquí para ser uno de los Grigoris. Y aun así tú, te atreviste a robar mi puesto ante Augusta…
 
-Maestra Augusta para ti –Le interrumpió Job.
El silencio en el aula-anfiteatro podía ser cortado con un cuchillo antes de que Julio dijera algo, la puerta se abrió con fuerza, haciendo que azotara en la pared. Algunos dieron un bote en el asiento sin poderlo evitar.
Un hombre bajo muy musculoso entro, acompañado de una muchachita de cabello negro rizado corto, piel morena clara y unos ojos azules en una carita que no le faltaba nada, pero que le sobraba hermosura. Su cuerpo era esbelto y musculado, superada ya la desgarbada constitución de la adolescencia para alcanzar la gracia; no de una mujer hecha y derecha, sino de un felino. Sin embargo, había algo en esa joven que la hacía lucir a un virago. Un aire más desafiante y  masculino que femenino.
-Ustedes allá arriba, siéntense. –dijo el hombretón mientras la joven se sentaba en una de las bancas de frente. Atrayendo la mirada de muchos menos la de Job.
-No hemos terminado, Quemado. –Dijo Julio en un tono que podía decirse era amenazador, pero lo dijo en voz baja para que solo Job le escuchara.
-Bla, bla, bla –Respondió Job.
 
-Soy Callum, el Ángel de las Montañas. –El musculoso hombre no hablo en gritos, pero su voz era fuerte. –Deben de saber, gañanes que solo 5 de los Ángeles incluyéndome a mí, escogerán a sus aprendices. Algunos de hecho ya han sido elegidos hace tiempo, por eso es que están aquí. –Sus ojos se fijaron en Onome, en Christian a su lado, en la chica bonita en las bancas de enfrente, en un chico moreno con una cinta en la frente y después en Job.
Su mirada era hostil y agresiva.

-Cada uno de los Ángeles puede elegir solo a 1 pupilo, como mínimo, y como máximo puede elegir a 7. –Sus ojos negros y duros recorrieron la sala. –¿Saben luchar? –Pregunto con un gruñido salvaje.
 
Job no dijo nada cuando varios estudiantes, entre ellos el chico de la cinta, Julio y una chica de cabello trenzado dijeron “Sí” con entusiasmo. En respuesta el maestro Callum dio un fuerte puñetazo a su meza que provoco que muchos dieran un sobresalto y contuvieran la respiración visiblemente asustados.
-¡¡¡PERROS ESTÚPIDOS!!! ¡¡USTEDES NO SABEN PELEAR, SABRÁN DAR BATALLA CUANDO YO LES ENSEÑE!! –grito, los cristales de las ventanas vibraron ante el poderoso timbre de su voz. Job que era el más alejado del hombretón sonrió al notar la expresión insultada de Julio, quien parecía arrepentirse de haber respondido a la pregunta de Callum. –Y los que no sean tan patéticos, avanzaran al siguiente entrenamiento, el resto de patéticos perdedores se les dará algún trabajo sin honor para atender a la chusma que vive en los puertos. Con suerte conseguirán trabajo de lamebotas o limpiando la mierda de las fosas sépticas.
 
La clase se quedó en silencio. Callum hizo caso omiso a diversas miradas de odio  que se ganó con su discurso.
-Vamos a dividirlos en grupos de edades. –Dijo en voz fuerte y clara –Los de 13 y 14 años levanten la mano.
Job levanto la mano, Julio también, el chico de la cinta dijo en voz alta “14”, una chica gorda de cabello marrón y la chica bonita de aire a mozuela quien también dijo que tenía 14.
-Siéntense todos acá –indico el hombretón. -15 y 16. Allá junto a esa ventana. 17 y 18. –Job que se puso de pie vio a Onome y Christian levantar la mano para indicar que tenían 18 ambos y se sentaron junto a otros dos jóvenes en la parte alta el anfiteatro.
-Preséntense entre ustedes y después elijan a un líder de su equipo. –miro un momento en dirección a Job, su grupo solo tenía 5 miembros mientras que los otros dos eran de 10 cada uno. –Vamos a tener prácticas de combate.
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Re: La Senda entre la Tinieblas. - Fic +20 Gore

Mensaje por Job el Lun Feb 19, 2018 3:07 pm

Capítulo 4
Deuda de Honor
 
-Yo soy el líder. –ladro Julio mirando desafiantemente a todos. Había un destello hipócrita en sus ojos y miro con desafío primero a la chica de ojos azules y después a Job. -¿Tienes algo que decir, Quemado? –casi escupió la última palabra.
-Mi nombre es Job –dijo este ignorando a Julio. -¿Cuáles son sus nombres?
-¡¡No me ignores estúpido!!
-Mi nombre es Gyokuyô –dijo la chica gorda, de estatura baja Job la miro, tenía cabello largo marrón oscuro casi negro, que le llegaba a la altura de la cintura y piel clara con unas pecas apenas visibles y ojos verdes.
-Giovanny –dijo el chico con la cinta en la frente. Tenía cabello negro corto peinado en pelipunta, ojos grises, piel morena clara bronceada y era visiblemente el más alto de los 5. De complexión esbelta ligeramente magra.
-No les voy a decir mi nombre, pero me pueden llamar Kitiara. –dijo la joven.
-¿Me están escuchando? –dijo Julio visiblemente molesto por haber sido ignorado.
-Claro que puedes ser el líder. –Respondió Job en modo cortante y repentinamente agresivo –Si la cagamos es el líder quien será regañado y quedara mal ante los maestros no el resto.
 
El chico de cabello aurerrojizo miro sorprendido a Job y después al resto, era obvio que no había viso ese punto de vista de ser el líder del equipo y ahora miro con desconfianza a su 4 compañeros. Ninguno de los otros le hablo o lo miro.
-Esa cosa se llama Julio –explico Job señalando con el pulgar al chico que hizo intención de ponerse de pie, pero se quedó en su sitio cuando noto la mirada fulminante de Callum.
-¿Ya tienen a sus líderes? –Pregunto aunque sus ojos crueles seguían fijos en Julio.
-Sí -respondió Job en voz alta. Los demás también respondieron.
-Síganme. –Y acostumbrado a ser obedecido, Callum el Ángel de las Montañas salió del aula. Job le siguió en silencio notando que Kitiara avanzaba a su lado.
-No preguntare como te hiciste esas cicatrices.
-No tengo intención de decírtelo.
-En silencio –Bramo Callum desde enfrente. Les guio a una arena en una especie de patio, a lo lejos se veían diversas colinas y algunos edificios lejanos. En un par de mesas había diversos artículos, petos, brazales, espinilleras, musleras gorjales, guantes, espaldares, hombreras, yelmo y espadas cortas de hoja recta llamadas Gladius. Al lado de la mesa había dos hombres vestidos de negro, aparentemente con el fin de ayudar a ponerse el equipo.
 
-Pónganse las armaduras, y tomen una o dos Gladius cada uno. –bramo el maestro señalando los artículos. Job apenas toco el casco se dio cuenta del motivo de la sonrisa burlona en los labios del hombretón. Levanto el casco con una mano y casi al instante tuvo que levantarlo con las dos, gruño. Era muy pesado, y escuchando las exclamaciones y quejas de los demás, se dio cuenta de que toda la armadura que debían usar era muy pesada.
Incluso un par de chicos musculosos como Onome y Christian tenían problemas para ponerse el equipo. El que los 25 adolescentes y hombres jóvenes terminaran de ponerse el equipo demoro mucho tiempo. Onome ayudo a Job a ponerse la armadura y estaba cansado pese a que máximo solo dio dos pasos para ponerse el set completo.
Fue incómodo y pesado caminar solo 4 metros y cuando tomo la empuñadura de la Gladius se percató de que el arma era pesada también. La levanto con ambas manos y con esfuerzo la mantuvo en alto antes de dejarla caer en la mesa, un poco más y se le hubiera soltado de las manos.
-¿Pasa algo gañanes? –dijo el Ángel de las Montañas en tono burlesco. –Aquí inician su prueba para ver si son dignos de ser aprendices, o si van a tener que largarse a los puertos con la escoria.
 
Job como los demás miraron al maestre, este avanzo a la mesa y con una envidiable facilidad el mismo se puso una armadura también, sostuvo 2 Gladius en cada mano y después miro al resto. Era más que obvio que el peso del set y sus armas no le eran incomodos.
-Para “calentar” van a hacer marchando a paso veloz 30 vueltas hasta esa colina de allá –Señalo una de las colinas la cual era alta y se notaba un terreno muy escarpado con roquedales de gran tamaño; en donde se divisaba una especie de mesa bajo una gran sombrilla en donde se creía ver a una persona sentada a la sombra. –Con cada una de las vueltas, deben firmar en los documentos que el Ángel de la Niebla les dará a firmar. –Explico. –Los que no completen las 30 vueltas se pueden ir a la chingada. ¡¡¡EN MARCHA, AHORA!!!
Casi todos miraron al hombre sobresaltados. Job fue el segundo en comenzar a avanzar con dificultad tras Kitiara.
Iban ya en la 11ava vuelta cuando 9 personas desertaron, 2 de ellos cayeron al suelo y solo uno intento levantarse. Los asistentes de Callum le ayudaron quitándole partes de la armadura, pero anuncio que prefería trabajar limpiando letrinas, antes de seguir con ese entrenamiento tan extremista.
 
Job sintió un raro sentimiento de satisfacción al notar que los otros integrantes de su grupo aún no habían desertado. Estaba notablemente sorprendido por la resistencia de Gyokuyô. Giovanny en cambio todo el tiempo que marcho a su lado tenía una expresión indiferente y despreocupada, aunque era notable la película de sudor que le cubría la frente.
Julio rezongaba y un par de veces Job se dio cuenta de que le miraba con ira, pues Job marchaba manteniendo su ritmo sin cansarse demasiado. Kitiara fue la que se mantuvo firme hasta la vuelta número 27, después de que otras 4 personas también se retiraran.
Fue inesperado cuando repentinamente la chica se detuvo llevándose las manos al estómago; Job que iba unos pasos tras de ella alcanzo a ver un líquido oscuro que bajaba por sus piernas.
-¿Estas herida? –Pregunto haciendo caso omiso al olor de sangre coagulada. Kitiara le dirigió una mirada fulminante, aunque Job noto un rubor en el rostro de la joven, como si estuviera avergonzada.
-Las mujeres de vez en cuando sangramos. –Respondió con una mueca dolorosa. Dio cuatro pasos y después se detuvo de nuevo.
 
Las ganas de pasarla de largo le ganaron al joven; pero vio como Julio le dirigía a Kit una mirada de superioridad con una sonrisa altanera en su rostro cuando la paso de largo. Se detuvo suspiro y retrocedió los pasos que había avanzado para después tomar a Kitiara de un hombro, puso su otra mano en su cadera y de un tirón se la subió a su hombro izquierdo. La chica protesto, pero Job la ignoro mientras seguía avanzando, a paso lento, pero avanzando a final de cuentas; sin notar las miradas de admiración de los pocos que aún seguían en la marcha.
Callum gruño cuando vio a Job cargando con el peso de Kitiara. Antes de poder gritarle algo noto un par de presencias a su lado y vio a Francesco y a Augusta quienes se habían acercado en silencio.
Francesco era un hombre alto, delgado de cabello corto castaño juego con una barba espesa con vetas de canas. De nariz aguileña y ojos de un vivo color marrón, en un rostro de porte regio y estricto.
-Impresionante –Dijo Francesco el Ángel de las Profundidades viendo como Job se detenía en la meta y sin bajar a la joven volvía para continuar las 30 vueltas. Callum como Augusta miraron a su compañero. El Ángel de las Profundidades era en exceso avaro con los halagos. –la armadura completa incluyendo la espada pesa en total 90 kilos. Tu discípulo no solo lleva el peso de mi discípula, Kitiara si no también el peso del propio Set que ella porta.
 
-Debe ser por el esteroide que Octavio le estuvo suministrando. –respondió Augusta mirando a los aprendices, y como uno simplemente caía al suelo y no daba señas de tratar de levantarse. –Octavio dijo que el esteroide no solo le ayudaría dado los meses que paso en coma, sino que también le permitiría ser mucho más fuerte, pese a que no lo aparentaba. Y he ahí el resultado.
-Pues dudo mucho que la chica se lo agradezca. –Agrego Callum cruzando los brazos sobre su musculoso pecho. Después de un momento agrego -¿Hay alguno de los aprendices que les interese?
-Onome ya es mi aprendiz –respondió Augusta notando la hercúlea figura del chico de rastas avanzando por el camino escarpado y pedregoso. –Y Job será el segundo. Pero ninguno de los otros me ha despertado interés.
-Yo en cambio, veo potencial de 4 de ellos. Además de Kitiara obviamente… -respondió Francesco.
 
Cuando las 30 vueltas terminaron, solo había 12 personas ante Callum, de las 25 que habían iniciado, la “practica” había durado 5 horas en su totalidad.
Kitiara había dado pelea en la primer vuelta que fue llevada cargada por Job pero se dejó llevar las últimas vueltas sin oponer resistencia, y Job no parecía dispuesto a bajarla hasta que terminaron. El chico mantuvo la mirada al frente, sin percatarse de que muchos le miraban, Onome le miraba con una sonrisa sesgada de compañerismo mientras que Julio lo miraba con ira y envidia.
-Gañanes. Esperaba que hubieran desertado más de ustedes, parece que no son un puñado de mierda, como fue mi primera impresión… No se quiten la armadura aun, vamos en un transporte a la fosa. –indico mientras señalaba con el pulgar un autobús de aspecto viejo pero bien cuidado. –Se preguntaran, ¿Qué es la Fosa? Es el nombre malhablado que le dan a un campamento en donde deberán entrenar combate y practicas diversas.
»Van a aprender a rastrear, a combatir, a hackear, a suplantar a otra persona e incluso aprender a que algunos se enamoren de ustedes. El trabajo de un Grigori no es sencillo. En el pasado algunos de los Ángeles llegaron incluso a contraer matrimonios con tal de que cumplieran su misión. Y no esperamos menos de ustedes.
 
Guardo silencio para tomar aire, pues era obvio que iba a decir algo más pero antes de que lo hiciera, a uno de los reclutas le rugió el estómago muy sonoramente. Job sonrió algo divertido cuando escucho a Onome soltar una risa tímida.
-Perdone, Ángel de las Montañas –Se disculpó y los que estaban a su lado vieron que tenía el rostro ruborizado, aunque la mayoría de los ahí presentes tenían el rostro encendido y las mejillas arreboladas dado el esfuerzo que habían hecho.
Callum se permitió una sonrisa, ligeramente tensa.
-Ah, a la mierda. Síganme primero al comedor para que traguen algo y después iremos a la fosa. –No dijo que el mismo también tenía hambre.
Job acababa de dar tres pasos cuando se detuvo al sentir una mano en su hombro. Giro la mirada esperando ver el rostro hipócrita de Julio pero era Kitiara quien le había hecho parar.
Antes de preguntarle que quería la chica le arrebato el casco y de un movimiento rápido, sintió el dolor y después el ardor en su mejilla. Le había abofeteado. Y parecía dispuesta a abofetearlo de nuevo, pero no lo hizo porque estaba cansada.
 
-No te pedí ayuda. –Dijo la chica con una flama azul en sus ojos. Pero volvió a llevarse las manos al estómago. Una expresión de dolor surco su rostro. Job no hizo comentario alguno por ello, ni por que tuviera el hombro parcialmente cubierto de sangre muerta.
-No te ayude –respondió Job con indiferencia, aunque en realidad le dolía el hombro. –No hubiera dudado en dejarte atrás, como un lastre.
-¿Entonces porque…?
-Por qué pareces ser la clase de personas que odian quedar en deuda con otros. –le interrumpió Job mirándola con sus ojos verdes y vacíos. –Repito, no te ofrecí mi ayuda… Era solo una, inversión.
-Bien, si ya dejaron de hablar. –interrumpió una voz femenina. El Ángel del Eclipse, Augusta estaba ante ellos. Se había acercado con una agilidad y silencio impresionantes pues ninguno de los dos se había percatado de su presencia. –Vengan conmigo los 2, Kit, tengo un par de pastillas para ti y para que puedas asearte, también tú necesitaras aseo, Job.
-Pero el autobús…
-Les llevare yo misma, y le avise a Callum.
 
Aseados y comidos. Job descendió del vehículo cuando llegaron a la fosa el termino Basurero le hacía más honor que al título. Pues diviso diversos edificios –Si es que podían llamarse así– construidos a partir de contendores de carga, vehículos parcialmente desmantelados y grandes pilas de neumáticos de diversos tamaños. Solo un par de edificios de 2 pisos y algunas torres de vigilancia con un sólido muro alto, eran lo más cercano posible a una construcción estable.
-¿Por qué la llaman la Fosa? –Pregunto Kitiara
-Anteriormente aquí había una mina de cobalto. Los túneles quedaron en abandono, después de un tifón que arraso la isla; algunos de ellos dan hacia un abismo de gran altitud. Pero otros quedaron completamente inundados y se llenaron de agua. –Respondió el Ángel del Eclipse. –Dado esto, es deificil volver a abrir las minas, por lo que lo usamos como un campamento de entrenamiento.
 
Tras su explicación siguieron a la alba mujer en silencio hacia una arena entre los edificios de contenedores. Los otros aprendices estaban ahí, y todos tenían una expresión adolorida en el rostro pues sostenían en cada mano, una de las Gladius y las mantenían en lo alto, a la altura de sus hombros, todo lo largo de sus brazos.
-Bajen el arma. –ordeno Callum. –Ustedes dos, tomen una Gladius cada una y únanse al ejercicio.
Job con duras penas sujeto una de las armas pesadas, pese al ejercicio de llevarlas cargando, había llevado una de ellas, enfundada en el cinturón de su cintura por lo que pudo en parte acostumbrarse a cargar su peso, pero era muy distinto a empuñarla.
-Bien de nuevo, levanten el arma.
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Re: La Senda entre la Tinieblas. - Fic +20 Gore

Mensaje por Job el Mar Feb 20, 2018 10:16 am

Capítulo 5
Huesos y sangre en el campo de batalla
 
Job alzo el escudo, lo alto que podía. 3 meses atrás, le había sido casi imposible levantar el escudo, pero ahora era más fácil. Pues desde hace 3 meses que estaba ya acostumbrándose al peso de la armadura que Callum les había dado para los entrenamientos.
El escudo que era rectangular, y notablemente pesado; casi nadie había podido levantarlo en sus primeras prácticas, había que cargarlo en su espalda y hacer una marcha de trote. Callum les revelo ese día que las armaduras pesaban 80 kilos, cada gladius pesaba 10 kilos y el escudo pesaba 50kilos más. Por lo que no le sorprendía que nadie pudiera cargarlo desde un inicio. Pese a que él podía llevar el set completo, las 2 gladius y el escudo con evidente –y envidiable– facilidad.
 
2 de los aprendices desertaron, o mejor dicho 1 deserto, otro tropezó con una roca suelta y cayo 30 metros por un barranco cortado a pico hacia uno de los túneles inundados. Jamás encontraron su cuerpo. Job disfruto de una cínica satisfacción al saber que se trataba de uno de los lame-botas de Julio. Ahora todos sus compinches le habían dejado solo y ya no era tan dado a ser bravucón y a darse aires de importancia como había sido las primeras semanas, aunque no por eso no dejaba de lanzar miradas de superioridad de vez en cuando.
Lo que había hecho que Job se sintiera satisfecho, es que antes de caer desde esa altura, el tipejo se sujetara de Julio de una de sus piernas y casi lo arrastró consigo. Job solo sonrió y no movió un solo dedo para ayudar a Julio, y no le sorprendió que ni Kitiara, Gyokuyô y Giovanny tampoco hicieran otra cosa que no fuera solo observar, ansiando que ese déspota se cayera también. Desgraciadamente Julio logro sujetarse de una roca y soportar su peso, antes de que Callum ordenara que le lanzaran una cuerda, y que no ocurriera como con su seguidor.
Para algunos, con la excepción de Onome, Christian y Kitiara fue la primera vez que vieron a alguien morir. Job no le dio ninguna importancia a esto. Y Callum les dijo que verían a más gente morir: pronto.
 
-¡Levanta más el brazo Julio! –Bramo Callum mientras practicaban la formación de escudos esa tarde. El día era demasiado caluroso, Job sentía como sus pies resbalaban dentro de sus calcetas, y el ardor latente en sus hombros de la práctica de ese día. Los efluvios y olores de sudor, mal aliento y alguna que otra flatulencia eran insoportables con ese calor. -¿Entiendes lo que es la formación?
-Sí…
-¿Qué dijiste? No te escucho, basca.
-Sí, señor.
-Explica entonces.
-Al levantar el escudo en la formación, proteges a tu compañero al lado y a la persona atrás de ti.
-Bien, al menos aprendiste algo…
-Pero lo que no entiendo… -Interrumpió Julio mirando al fornido hombre montado en su Rapidash –Es, porque tenemos que aprender una formación de batalla de espada y escudo, si estamos en tiempos más modernos. –Exclamo señalando la formación -¿No le parece que esto es anticuado?
 
Fue la primera vez que Job estuvo de acuerdo con las palabras de Julio, y de seguro que no fue el único. Desde hace 3 meses que practicaban lucha con espada y la armadura y el escudo era lo más reciente, pero el entrenamiento espartano que recibían era muy viejo, y anticuado. Job no entendía por qué un asesino tendría que tener formación militar de ese tipo.
-¿Estas cuestionando mis órdenes? Basca. –Pregunto en un tono suave casi amable pero sus ojos destellaban de ira. Julio pareció comprender que sus preguntas le habían metido en un problema.
-Escúchenme bien, todos. Bascas. Solo les explicare esto una vez, si tienen retraso mental –Cosa que no dudo de algunos– entonces no lo comprenderán.
»Cuando de una orden, ustedes la obedecerán inmediatamente. Sin cuestionarla. No discutimos las órdenes; no las sometemos a votación. Las órdenes se cumplen a rajatabla. ¿Se preguntaran porque bola de perros sin valor? Y les respondo: Porque llegará el día que estén en una batalla, y habrá enemigos por todos lados, algunos por tierra, otros por aire y otros empleando armas diversas con el fin de aniquilarles. Las trompetas tocarán, el acero ensangrentado y caliente henderá el aire, y yo les daré una orden. Y si son tan estúpidos para ponerse a pensar en esa orden o en cuestionarla si deben obedecerla o no, estarán muertos. Y no solo ustedes, sino sus compañeros. Y no sólo eso, sino que la batalla también se habrá perdido.
 
Se hizo un silencio repentino, como si todos los sonidos del mundo se hubieran extinguido en un instante. El Ángel de las Montañas les miro furibundamente mientras respiraba hondo.
-Y desde ya les aviso, que mañana a las 5 de la mañana –sonrió de forma desagradable –Tendrán una batalla de campo. Usando esa formación.
Callum aún mantenía esa desagradable sonrisa en la cara mientras daba un par de indicaciones que aparentemente nadie escucho.
 
*     *     *

 
Job despertó en la madrugada. Callum tenía razón al haberles dicho que se acostumbrarían a que les despertaran a cualquier hora de la noche. Usaba un traje de compresión negro, desde la altura de la nuez, hasta la punta de los dedos. Se levantó con los sentidos alerta, y casi al instante se dio cuenta de que aún no había amanecido, pero no por eso todos estaban dormidos, la mayoría se levantaba refunfuñando de las hamacas. No podían despertar sin algo de pesar, eso era claro.
Avanzo hacia su aron y levanto el peto y las muleras, las cuales se puso por sí mismo. Lo cual era casi imposible para sus compañeros, pues normalmente se necesitaba de ayuda para ponerse esas 2 piezas, sin tardar demasiado. Fue el primero en tener casi toda la armadura puesta con la excepción de su casco cuando Callum entro a la tienda, con el set puesto.
-En marcha. –Fueron sus únicas palabras. No les dijo nada para alentarlos, era algo que no estaba en su naturaleza.
 
No sabía cómo, pero estaban en un campamento, se veían tiendas alzadas por todos lados y uno a uno los aprendices se reunían en una zona amplia, que estaba justamente al lado de una horca.
Job no reparo en los 3 hombres que colgaban del cadalso, ni que uno aun movía suavemente los pies en sus últimos estertores de vida. Aunque sí que noto como Giovanny se puso pálido cuando el sujeto ahorcado ya no se movió, y también escucho a Gyokuyô vomitar.
Un arroyuelo dividía el campamento de las altas murallas de una ciudad. Entre el río y el campamento, les separaba un prado amplio. La formación se mantuvo firme, mientras Callum a lomos de su Rapidash daba órdenes en seco.
-¡¡Levanten el puto escudo!! –Grito.
Job alzo la vista, mientras se escuchaba un sonido para él desconocido. Un suave chasqueo, zumbido, chasqueo y silbido. Todos combinados y vio como de las murallas de la ciudad, una nube negra se elevaba rápidamente.
-¡¡Flechas!!
 
Alzo el escudo rápidamente, sintiendo como la mortífera andanada se acercaba. El Escucho vibro con un poderoso golpe que provoco que Job apretara los dientes, y que casi se le soltara, pero mantuvo su defensa en alto; luego vino un segundo golpe y un tercero. Después del octavo golpe Job estaba seguro tendría el brazo y mano amoratados. Cada golpe es como si lo hubiera golpeado con un martillo, Callum les había dicho que el escudo era esencial en batalla, y ahora Job le daba la razón.
Un gruñido salió de su garganta y bajo el escudo para ver con un sobresalto que tenía 6 flechas encajadas en el escudo de acero. Trago saliva y creyó escuchar a alguien decir que se había meado encima. Tomo una de las flechas y pese a que trato no pudo siguiera sacarla del escudo.
-Si no tuviéramos los escudos, ya habría muchos muertos. –Murmuro para sí.
-Gracias por decir lo obvio –Le respondió Kitiara detrás de él, en un tono fastidiado.
Job miro a su alrededor, escucho los bramidos de Callum ladrando ordenes pero no vio huecos en las filas.
-¡¡Dije que avancen, perros!! –Grito Callum.
 
Se detuvo cuando Callum ordeno alzar los escudos. De nuevo se escuchó ese sonido extraño; levanto el escudo y de nuevo gruño cuando recibió el golpe de una flecha y después una segunda pero desvió la mirada cuando escucho un grito ronco. Uno de los soldados a su izquierda cayó al suelo, gritando y retorciéndose de dolor. Una flecha le había atravesado la pierna. Job solo le bastó un vistazo para ver parte del hueso roto por la flecha, y como el hombre detrás de él, rápidamente alzaba el escudo para cubrir su lugar.
Estaba bajando el escudo cuando vio sorprendido una nueva andanada de flechas. Lo levanto a prisa y antes de que sintiera el golpe de la flecha clavarse en su escudo una persona ante él cayó al suelo. Con una flecha clavada en su ojo.
-¡¡ME CAGO EN DIOS. CIERRA EL HUECO!! –le grito alguien. Job no tuvo ningún pesar cuando piso el cadáver para adelantarse un paso y cerrar el huevo de los escudos en alto, los golpes de las flechas en los escudos cesaron de repente.
Por unos instantes la idea de esconderse tras su escudo le tentó, pero al notar un empujón entre sus hombros para indicarle que siguiera avanzando fue lo que le hizo reaccionar y mirar al frente. La puerta de las murallas estaba a 150 metros frente a ellos. Si llegaban a ella…
 
Se detuvo en seco con un escalofrió, miro hacia arriba y vio sin ver un cilindro pétreo que se aproximaba a ellos.
Un cilindro piedra, como el que usaban para hacer las columnas de un templo. Seguido de un sonido seco y ronco. Más que oírlo, Job lo sintió pues algo pesado cayo detrás de él con un sonido húmedo y el suelo vibro bajo sus pies con el golpe.

Se quedó quieto, incapaz de moverse; fueron realmente unos instantes pero para el chico quemado, fue muchísimo tiempo cuando sintió de nuevo una mano en su hombro. Giro la mirada y casi vomito; tres hileras de hombres expiraron en ese instante. 20 hombres habían estado a solo un metro detrás de él, a su derecha y ahora no estaban ahí de pie. El cilindro de piedra, estaba parcialmente incrustado en el suelo, rodeado de restos humanos, huesos al aire libre, carne y sangre que había salpicado a todos. Job no se dio cuenta de que tenía las botas empapadas de sangre y vísceras humanas.
La palabra “Amasijo”, describía bien lo que Job miro. Y un instante después vinieron los gritos, quejidos y suplicas.
-Una catapulta –pensó mientras temblaba. El misil había sido disparado desde las murallas paca caer justo en medio de la formación al ver que las flechas no hacían gran cosa. –¡¡¡Levanten los escudos!!! –grito con tiempo cuando vio una nube negra de flechas dirigirse hacia ellos.
Una flecha le rozo y después sonrió.
 
-Su ilusión es muy buena, maestra Augusta. –dijo en voz alta en el campo de batalla.
Abrió los ojos y se percató de que estaba acostado en una cama de gel, todos los aprendices estaban en dos filas de camas a sus lados. Tenía puesto un brazalete y un par de receptores puestos en las cienes, uno en el pecho desnudo para monitorear su pulso cardiaco y otros dos en el cuello. Se incorporó después de quitárselos.
Augusta el Ángel del Eclipse le sonrió desde la silla en donde estaba sentada al lado de otros de los Grigoris que les monitoreaban. Callum, Lucrecia, Francesco, Titus y para extrañez de Job también Octavio.
Al lado de su maestra, la silueta de un Gastly flotaba cercas de su hombro, alcanzo a ver la sonrisa espectral del pokémon fantasma de su maestra.
-Es el primero. –murmuro Francesco. Mirando a Job, y como este se levantaba de la cama.
-Bien hecho Job. –Dijo Augusta -¿Cómo te diste cuenta?
-No había olor a sangre. –respondió el chico. -¿Así que fue un sueño producido por la hipnosis de tu Gastly?
 
La mujer asintió.
-¿Cómo te explicarías estar en un campamento en algún país a punto de invadir una ciudad que nunca antes habías visto entonces?
Job bajo los hombros mientras se ponía la camisa.
-¿Como te sientes?
Job miro a los Grigoris, los cuales hasta ahora solo Augusta le había hablado directamente.
-Después de ver esa gran roca aplastar a 20 sujetos... Tengo hambre. ¿Podemos comer algo que tenga carne molida? -Pregunto con indiferencia. Ya no veía valor en las vidas humanas, y no se percato de que los Grigoris, en especial Lucrecia hacían un gesto de asco. -¿Cuándo van a despertar?
-Depende de ellos… Sígueme. Te mostrare algo interesante… -respondió la mujer con un tono misterioso.
Job no dudo en seguir a su maestra.
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