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Aaron Aikman
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Aaron Aikman
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equipo:

I Don't Want to Set the World on Fire [Reto al gimnasio fuego] Aggron
Arya (♀)
Inicial | Evolución 1 | Evolución 2
I Don't Want to Set the World on Fire [Reto al gimnasio fuego] Scolipede
Scott (♂)
Captura | Evolución 1 | Evolución 2
I Don't Want to Set the World on Fire [Reto al gimnasio fuego] Luxray
Blitz (♂)
Registro | Eclosión | Evolución 1 | Evolución 2
I Don't Want to Set the World on Fire [Reto al gimnasio fuego] Pidgeotto
Macklemore (♂)
Captura | Evolución 1
I Don't Want to Set the World on Fire [Reto al gimnasio fuego] Kirlia
Satine (♀)
Captura | Evolución 1
I Don't Want to Set the World on Fire [Reto al gimnasio fuego] Magikarp
Proctólogo Karpius (♂)
Captura

El tiempo desde que reté al Gimnasio hada de Pixie Town, donde me hice con mi primera medalla, había participado en el Torneo de San Valentín con Morgan, ayudé a un profesor muy peculiar en sus estudios de Pokémon salvajes (definitivamente no iba a capturar un Kabuto), me había involucrado en grandes conflictos con Pokémon de proporciones colosales, y luego lo volví a encontrar en un viaje de pesca en el que buscaba reforzar mi equipo con el poder de los Pokémon de tipo agua. Todo este tiempo mi objetivo había sido el mismo, viajaría por todo Ysiel y retaría a los gimnasios hasta lograr convertirme en el campeón de la liga, solo entonces podría encontrar paz en vida.

Y era justo ese destino manifiesto que me había impuesto a mi mismo lo que ese día me hacía volver a Flammeus Town, habían pasado algunas semanas desde mi ajetreado paso por el lugar y el clima se sentía muy distinto, gente preocupada iba de un lado al otro. No tardé en adivinar el origen de tantos males, una casa calcinada tras otra era el panorama a lo largo de la avenida principal e incluso un par de manzanas completas habían sido consumidas, la destrucción que se había cernido sobre el pueblo era un espectáculo realmente arrebatador. Me preguntaba que clase de persona (inmediatamente vino a mi mente el Equipo Génesis) sería capaz de tanta destrucción irracional, aunque no pude evitar esbozar una sonrisa cuando me encontré con la casa de empeños de Rick quemada hasta los cimientos —¿Por qué tenía que perderlo todo menos al idiota de Chum Lee? - se lamentó el hombre calvo, pero yo seguí con mi camino con la esperanza de no ser reconocido por aquel desquiciado. Quizás alguien con un poco más de materia gris podría brindar respuesta a mis cuestionamientos —¡Acérquense habitantes de Flammeus! ¡Acérquense! - resonó el llamado de un hombre de edad avanzada y que se alzaba por encima de la multitud en una tarima improvisada con cajas de madera que tenían un aspecto sólido.

Aquel sujeto emitía una presencia casi tan peculiar como su vestimenta, que consistía en una túnica a medio chamuscar y de aspecto grasoso —¡El fuego es la mayor perra de todas! - empezó a hablar cuando un grupo de al menos treinta personas se reunió a su alrededor —Es la amante más complicada de todas, ¡Un día te abraza con su calidez y al otro te arranca la piel con su implacable ira!- esa afirmación causó algo de cuchicheo entre la multitud, miré bien al hombre, a juzgar por las cicatrices en su rostro parecía haber sido afectado por la viruela lo cual le daba un aspecto repulsivo, pero al mismo tiempo su voz parecía tener un efecto profundo en la psique de la gente —¡Somos los hijos del fuego! Pero somos ignorantes, entregamos nuestras vidas a intereses extranjeros y somos ciegos a sus advertencias.- podía sentir que todo ese discurso buscaba llegar a algo pero aun no estaba seguro de a qué —¡Y de nuevo vendrá a juzgarnos por ignorarlo! ¡Porque Ninetales quería el gimnasio cerrado y a Flammeus siguiendo su tradición, pero en nuestra infinita arrogancia osamos desafiarlo una y otra vez! - una carcajada sonora se alzó de entre la multitud y un hombre que sostenía un trinche se adelantó —¿Qué sabe de la tradición un hombre que ni siquiera está casado, que no tiene una familia que alimentar?- los cuchicheos se incrementaron — ¡El gimnasio es una bendición del fuego!, un lugar donde su poder se recuerda a los turistas y locales por igual que el fuego vive y arde en Flammeus Town.

Algunos entre la multitud aplaudieron al hombre del campo y otros se pusieron de parte del extraño sacerdote del fuego, eso me hizo comprender de mejor manera la naturaleza del conflicto que Flammeus estaba atravesando en ese momento y para ser sincero el único lado del que podía ponerme en ese momento era del de la gente que quería mantener el gimnasio abierto, después de todo la única razón por la que me encontraba en Flammeus Town otra vez era porque había escuchado que su gimnasio estaba abierto y tenía un nuevo líder, lo que le había pasado a los habitantes era lamentable y por lo visto había sido causado por un solo Ninetales, cosa que no me podía explicar del todo, debía ser el Ninetales más poderoso de todos los tiempos para ser capaz de crear destrucción a esa escala tan grande ¿O en verdad ese sería el potencial dentro de cualquier Pokémon de fuego? Porque si era así casi me sentía arrepentido de no llevar un Pokémon de ese tipo conmigo, aún si bien pensaba hacer una parada obligatoria en el Centro Pokémon el equipo que llevaría para este reto había sido seleccionado previamente con suma cautela para afrontar cualquier obstáculo que el líder del gimnasio pudiese lanzar en mi contra y sinceramente estaba contento con la selección que había hecho.

El Centro Pokémon de Flammeus Town era tal como esperaba, una edificación de estilo tradicional que mantenía la armonía con el resto de las construcciones del centro del pueblo. Sonreí al ver su lindo letrero de madera pintada y me dispuse a entrar, pero un pequeño contingente de personas me cortó el paso súbitamente y el que parecía ser su líder dio un paso al frente para confrontarme —¡Alto ahí extranjero! No intentes mentir, Flammeus Town es un gran pueblo, pero aún sabemos distinguir a quienes viven en él de los entrenadores que infestan sus calles con la mala suerte. - el hombre en cuestión era robusto y calvo, en absoluto parecía ser capaz de vencerme en un combate físico o con nuestros Pokémon, pero estaba acompañado y si me ponía violento solo lograría desatar una trifulca en el lugar —Sean razonables, solo vengo a curar a mis Pokémon. - alcé las manos en un ademán de buena fe —¡O a retar al líder del gimnasio! ¿Crees que somos idiotas? Sabemos que los de tu calaña solo vienen por una razón y es a traernos la desgracia y la ira de nuestros dioses. No permitiremos que tus Pokémon encuentren descanso en nuestro pueblo. - la puerta automática que estaba detrás de ellos se abrió y la enfermera Joy emergió furiosa —¡Ya he llamado a la policía! Todos tienen derecho a usar el Centro Pokémon. - nunca había visto a una enfermera tan molesta y probablemente ellos tampoco habían tenido que tratar con ella ya que el grupo escapó en desbandada antes de que el primer uniformado apareciera.

Entré al Centro Pokémon y dejé a mis Pokémon con la enfermera para que pudieran restaurar sus energías. Ahora que pensaba con calma, no tenía la menor idea de donde era el gimnasio de Flammeus Town así que decidí pedir informes con la chica pelirrosa —Disculpe enfermera- la mujer simplemente me dirigió la mirada —Hizo un buen trabajo despachando a esos sujetos- la mujer sacudió la cabeza con algo de molestia —No puedo creer lo mucho que ha decaído la sociedad últimamente, todos estábamos en el mismo bando durante la reconstrucción del centro de la ciudad pero cuando empezó a sonar el nombre del nuevo líder de gimnasio el pueblo se fragmentó totalmente.- podía sentir el pesar en su voz —¿Dónde es el gimnasio? No lo vi cuando entré a la ciudad y tampoco parece estar en el centro. - la enfermera Joy alzó una ceja, como si ya se esperara que esas fuesen mis verdaderas intenciones —Bueno, el gimnasio no está dentro de la ciudad, lo mejor será que tomes el Camino de fuego. Mira, me gustaría ayudarte más, pero tengo mucho trabajo, antes de que me de cuenta esos rufianes estarán acosando a los visitantes. Seguro alguien del pueblo sabrá darte mejores indicaciones. - antes de que pudiera replicar la enfermera salió del mostrador y se dirigió nuevamente a la puerta de entrada a regañar a esos hombres “Será mejor no seguirla molestando”

Tras haber restaurado la salud de mis compañeros me aventuré a investigar el paradero del gimnasio en las calles de Flammeus. Se me ocurría la persona ideal para ello, aunque habría preferido no tener que hablar con ella. —Soy Rick Harrison y esta era mi casa de empeños. Trabajo aquí con mi viejo y mi hijo Big Hoss. Todo aquí tiene una historia y un precio. Algo que he aprendido luego de veintiún años es que nunca se sabe lo que pasará por esa puerta. - solté un suspiro de resignación —Rick, ¿Sabes que ya no tienes una puerta verdad? - un silencio incómodo cayó entre nosotros —A ti te recuerdo, eres el que no quiso venderme el Pyronomicon en 300 Pokeyenes.- cuando menos tenía buena memoria —Si, bueno, sabes que era un mal precio… pero hoy vengo porque creo que puedes ayudarme- acaricié mi cabello para aparentar que me causaba algo de pena pedirle el favor —Bueno, ¿Qué puedo hacer por ti?- Rick no parecía ser rencoroso, lo cual era un alivio —Bueno, esperaba que supieras como llegar a un tal “Camino de fuego”- el hombre gordinflón sonrió —Bueno, creo que tendrás un problema. El Camino de fuego no es una ruta como la imaginas, simplemente es una forma bonita de llamar al calvario ardiente que tendrás que atravesar hasta encontrar el templo que hace la función de gimnasio local. - eso sonaba ominoso —¿Y dónde está ese templo? - la sonrisa de Rick no paraba de creer, seguro le sorprendía mi ingenuidad —En la base del volcán por supuesto- levantó un brazo y señaló a la solitaria montaña humeante cuya sombra parecía cernirse sobre el pueblo. Ese era mi destino.
Kayle Warner
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PERMANENT LINK FECHA DE POSTEO → Dom Feb 11, 2018 8:34 am

Reto aprobado gimnasio de fuego


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Comienza tu viaje por el camino de fuego, prosigue al primer reto.






Aaron Aikman
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Aaron Aikman
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PERMANENT LINK FECHA DE POSTEO → Dom Feb 11, 2018 2:53 pm
Llegar hasta la base del volcán no fue una labor difícil, solo había que seguir los letreros y no salirse del camino, sin embargo una vez ahí me di cuenta que la ruta hacia el templo no contaba con una sola señalización —¿Por qué no pueden construir sus gimnasios bajo un árbol gigante como en Pixie Town?- me dije a mi mismo mientras intentaba bordear la enorme montaña, que no paraba de dejar salir una fumarola de humo, sin encontrar una sola pista de cómo ascender a un lugar que no fuera la sección turística. No fue hasta que un Arcanine de rescate pasó arrastrando una camilla que tuve la primera pista de la dirección que debía tomar. Los entrenadores cubiertos de hollín presentaban una visión ominosa si debía ser honesto, pero al menos me daba una pista de que dirección tomar. Caminé hacia el noroeste, siempre con el volcán a mi izquierda y pronto el cielo azul se fue oscureciendo a causa de la fumarola de cenizas que el viento se empeñaba en soplar siempre en esta dirección, desde un punto de vista poético podría parecer que el solitario volcán mandaba señales de humo a las lejanas montañas de la cordillera que rodeaba a Tiamant Town. Pronto me encontré ante la aterradora visión de un valle en el que no crecía una sola planta y el cual era surcado por ríos de lava ardiente

—Oh Toto, creo que no estamos en Unova- murmuré para mi mismo en una alusión a un clásico de la literatura. Alcanzaba a ver a cuando menos una decena de personas a lo lejos, probablemente entrenadores que como yo buscaban su entrada al templo, cada uno con sus propios medios. No muy lejos de donde me encontraba otro par de Arcanine descansaba un poco mientras sus ranger observaban el desarrollo de la dura prueba “Al menos no moriré aquí” pensé y antes de que pudiera dar un paso más, un Dodrio pasó a mi lado a toda velocidad, casi derribándome en el acto. Sobre él un entrenador pretendía usar las habilidades de su ave para abrirse paso hasta el templo, aunque para ser honesto no veía nada. Evalué mis opciones, tenía a Macklemore, pero volar no era una opción ya que los gases del volcán no tardarían en acabar con sus energías, solo Arya podría soportar las temperaturas en cierto grado gracias a su naturaleza de pokémon de roca, pero al mismo tiempo era de acero así que llegaría muy golpeada al templo “Ahora es cuando me arrepiento de no haber traído un Pokémon de tipo fuego conmigo” al final llegué a la conclusión de que quedarme a pensarlo todo el día no me llevaría a ningún lado. No muy lejos había un puente colgante y me dispuse a cruzarlo, si hay puentes debía haber una senda para quien iba a pie.

Di un paso sobre el primer madero negro para asegurarme que era seguro y luego di uno para más ganar un poco de confianza. Pero cuando iba a dar el tercer paso sobre aquel río de lava una pequeña erupción al final del camino me hizo dar un salto y si no fuera porque el puente estaba unido por ennegrecidas cadenas de acero tal vez habría terminado mi carrera como entrenador dando un chapuzón en lava —No, no, no, no. Mala idea- retrocedí acobardado hasta la orilla —Tal vez debería volver luego con más calma- iba a regresar sobre mis pasos cuando escuché una risa socarrona no muy lejos de mi —Vuelve a casa joven entrenador, definitivamente no estás hecho para soportar el castigo del fuego- me giré y me encontré con un hombre de aspecto desaliñado y mirada intensa, portaba una túnica muy similar a la de aquel hombre en el pueblo por lo que supuse que eran de la misma orden de cultistas del fuego —No moleste anciano, no estoy de humor para pendejadas- lo último que quería era escuchar como el dios del fuego se oponía a los gimnasios —Al menos tienes un poco de carácter entrenador, si me das aquello que todo hombre añora te indicaré como puedes cruzar el páramo hasta el gimnasio- eso si me interesaba —Y dime sabio, ¿Qué es aquello que todo hombre añora?- el anciano soltó una carcajada —Dímelo tú.

Subí hasta la cuesta sobre la que aquel erudito se encontraba descansando y coloqué mi mochila entre ambos —Lo que todo hombre añora es…- revolví un poco el interior —¡Dinero!- saqué una moneda de 5 Pokéyenes y la coloqué delante de él —Un hombre que se guía por su amor al dinero es poco más que un animal cegado por el brillo de una piedrita- en vista del éxito obtenido volví a meter la mano entre mi equipaje, esta vez saqué unas provisiones de viaje —¡Comida! Todo hombre añora la comida- el hombre frunció el ceño —¿Acaso parezco un pordiosero?- me contuve para no responderle que sí y nuevamente metí la mano en la mochila sin poder adivinar que era lo que quería. Tal vez la respuesta no era algo físico si no algo más filosófico —¿La respuesta es amor?- el hombre soltó una sonora carcajada y casi lloró de la risa —No sabía que eras uno de esos afeminados ¿Quién necesita amor cuando tengo al fuego, la mayor puta de la existencia?- un simple no habría bastado —¿Es diversión?- pregunté de malas —Tengo toda la diversión que necesito de pendejos como tú que buscan respuestas fáciles a todo- respondió con total descaro y decidí largarme. Pero antes de que pudiera levantar mi mochila me llegó una revelación —¿Qué hay de esta revista para adultos?- el hombre sonrió de oreja a oreja —Hijo, ya eres un hombre.

El hombre echó un vistazo rápido a mi equipo y llegó a la conclusión de que éramos un montón de novatos intentando alcanzar el Sol. Pero era un hombre de palabra y había hecho un trato, por lo que nos reveló a regañadientes la clave para cruzar esa ardiente llanura sin terminar en el Hospital con quemaduras de primero y segundo grado. Si se podía confiar en la palabra del viejo pervertido, no muy lejos de mi posición vivía un Rapidash que no solo conocía el camino más seguro hasta el gimnasio, también era el único que tenía una oportunidad de cruzarlo sin problema alguno. Sin embargo, era un Pokémon orgulloso y desconfiado con un temperamento tan explosivo como el volcán mismo por lo que debería acercarme con cautela.

El equino en cuestión era un ejemplar majestuoso y comía tranquilamente los restos chamuscados de un arbusto calcinado. Si no fuera porque el anciano me había dicho que era un ejemplar protegido por el Estado habría intentado capturarlo para añadirlo a mi equipo —Cautela o acabaré con un maravilloso tatuaje de herradura- me repetí a mi mismo y abandoné lentamente mi escondite, asegurándome de que Rapidash pudiera verme y no se sintiera sorprendido —Hola amiguito- me acerqué lentamente con las manos en alto —Escuché que eres el único que puede llegar al templo del fuego en una sola pieza- Rapidash me miraba inquisitivamente —Mira, te traje algo de comer…- con cuidado le mostré un sándwich y lo coloqué en el suelo antes de retroceder un poco —Te ruego que me ayudes a llegar a ese lugar- me puse de rodillas para que viera que no era una amenaza ni a su dominio ni a su ser. Rapidash se acercó lentamente y cogió el bocadillo del suelo, en algún lugar había escuchado que los equinos amaban la crema de cacahuate y esperaba que no fuese un mito urbano. Esperé algunos minutos hasta que Rapidash terminase y le ofrecí mi mano, si me permitía acariciar su morro significaría que somos amigos. El Pokémon de fuego se acercó lentamente y pronto pude sentir su respiración cálida contra mi mano. Cerré los ojos y esperé lo mejor.
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